• Editorial Semana

Puerto Rico ayer y hoy


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


Hemos enfrentado en el presente cuatrienio una serie de anomalías, las cuales se han agravado por la ineptitud y por la malversación de los fondos del pueblo de Puerto Rico. Esta situación anómala no es producto de una sola administración política en la Isla. Hacemos esta afirmación porque hemos visto a rojos y azules desfilando por la poltrona gubernamental y la situación no ha dejado de ser la misma, incluso ésta, que ha tenido dos gobernantes del mismo partido político y la diferencia ha sido ninguna. No venimos a dar una cátedra sobre cómo hacer las cosas sino que no hemos aprendido de otros momentos históricos que se han presentado situaciones muy parecidas a las que afrontamos en este momento. Me explico, durante la década del 10 al 20 se presentó la Pandemia de la Gripe Española, específicamente en el 1918. Pero la realidad de Puerto Rico en ese momento era una de pobreza extrema. Nos mencionan los economistas Diffei, en su investigación para el Gobierno de Puerto Rico, luego publicado como a “Broken Pledge”, que Puerto Rico estaba peor en 1930, que a fines del siglo XIX, bajo España. Datos recogidos por parte del Profesor José Vázquez Calzada, nos confirman las conclusiones de estos economistas.


En el 11 de octubre de 1918 nos golpió uno de los temblores y maremotos más fuerte de la historia de la Isla. El epicentro estuvo localizado a unos 35 Km. al Noroeste de Aguadilla, en el Cañón de Mona. Magnitud de 7.3. Se le asignó una intensidad máxima de IX, en la parte occidental de la isla y de V - VI en Guayama. Este terremoto generó un tsunami que alcanzó 20 pies en Punta Agujereada (8 personas se reportaron como ahogadas), 12 pies en Aguadilla (32 personas murieron ahogadas), 5 pies en Mayagüez (116 personas murieron a causa del terremoto, incluyendo las 40 víctimas del maremoto). Las pérdidas por daños a la propiedad se estimaron en más de $4,000,000 . Por varios meses se siguieron sintiendo réplicas de este terremoto. Poco después, según el libro publicado por parte del Profesor Vázquez Calzada presenta que entre las décadas del 1920 y el 1930 hubo: 405.8 muertes de gastroenteritis por cada 100,000 habitantes; 247.2 muertes de tuberculosis por cada 100,000 habitantes, 122.1 por malaria, Uncinariasis o Anemia Tropical 48 por cada 100,000 habitantes, 109 por neumonía, por cada 100,000 habitantes y solamente 14.8 por causa de la pandemia de la influenza. (Ver página 258). Poco después en el 1928, nos atacó el Huracán San Felipe, un 13 de septiembre y el mismo era categoría 5, está demás decir que el mismo devastó la agricultura, que era la fuente principal de la economía al igual que muchas residencias y comercios, quedando en la pobreza más profunda la mayoría de la población. Como la comida del pobre viene toda de cantazo en el 1929 comienza con el Viernes Negro, La Gran Depresión cuando cae la bolsa Norteamericana y Wall Street queda en banca rota. No bastando con eso en septiembre de 1932 nos ataca el Huracán San Ciprián de más de 120 millas, destruyendo 15,000 viviendas en la Isla.


En las elecciones del 1932, gana sorpresivamente Franklyn Delano Roosevelt e implanta una serie de programas para aliviar la problemática que tenía tanto EUA como Puerto Rico. Comienza El Nuevo Trato, La PRERA, La PRRA, la PRACO entre otros programas. No cabe la menor duda que la transformación de un sistema agrícola, diurno y lento se comenzó a transformar en uno industrial, de interacción de 24 horas (tres turnos en las fábricas) y mucho más rápido. Dejó una mejoría en términos populistas. No es que queramos regresar a ese momento, pero si los dineros que llegan, se utilizaran para desarrollar la capacidad del puertorriqueño y no la dependencia, estoy seguro que las mejoras permanentes serían para descolonizar y no para engrosar los bolsillos de unos pocos. Veremos que sucede con la decisión tomada por parte del pueblo el pasado domingo.

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