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  • Foto del escritorEditorial Semana

Que el Día del Planeta no sea uno solo


Por: Jesús Santa Rodríguez


Este viernes, 22 de abril, se conmemora el Día Internacional del Planeta Tierra, y es otra oportunidad para concienciarnos sobre la relación interdependiente que tenemos con el resto de los seres y con los que compartimos los recursos que la componen. Sin embargo, no podemos limitarnos a la observación de este día. Tomar conocimiento y acciones sobre las medidas necesarias para proteger el patrimonio natural y los recursos de cada pueblo toca a todos.


En primer lugar, la Asamblea Legislativa tiene el deber de desarrollar legislación dirigida a la protección de nuestros recursos, así como realizar investigaciones sobre la violación a las disposiciones contenidas en nuestro ordenamiento legislativo de forma efectiva. En segundo lugar, corresponde al gobierno administrar los recursos necesarios para garantizar el cumplimiento fiel a cualquier ley, estatuto o reglamento dirigido a la conservación de nuestras tierras, cuerpos de agua, zonas costeras y los seres vivos que las ocupan. Finalmente, como ciudadanos, tenemos el deber de ser responsables en el uso de los recursos, la disposición de desperdicios, y asegurar que la actividad humana, comercial e industrial no violente las leyes, reglamentos y normas de sana convivencia.


En semanas recientes, hemos podido corroborar el efecto de la actividad humana no planificada sobre nuestros recursos. Casos como el edificio Sol y Playa de Rincón, que a raíz de la destrucción del huracán María se desveló que sus áreas recreativas se encontraban dentro de la zona marítimo terrestre, apuntaron a un posible patrón de irregularidades en los permisos para su reconstrucción. Este no es un ejemplo aislado.


El caso más reciente, la reserva estuarina en Bahía de Jobos, ha sufrido la destrucción de cuerdas de manglares y zonas protegidas de interés nacional. La Cámara de Representantes se encuentra realizando vistas públicas para investigar alegaciones relacionadas con un crimen ambiental, que incluye pero no se limita a la posible comisión de actos irregulares. El propósito es devolver este ecosistema a su estado original y se identifiquen las áreas en las cuales distintas agencias de gobierno pudieron incumplir, desde la supervisión de personal, falta de recursos, hasta la aprobación de permisos cuestionables, para evitar que esto se repita.


Es un hecho que las afrentas a nuestros recursos solo traerán consecuencias que podrían representar no solo una amenaza a la vida, sino el deterioro en la calidad de vida de todos los seres que convivimos en el Planeta.


Lo anterior, sumado a la producción desmedida de basura y la contaminación de zonas para la producción de alimentos, no puede ser el legado que dejemos para que las futuras generaciones tengan que resolverlos, posiblemente cuando ya sea tarde. Igual que las otras especies vivas en peligro de extinción y otras ya ausentes, la nuestra no está exenta de enfrentar su propia desaparición. La protección de nuestros recursos naturales y la vida es una prioridad y un deber de los gobiernos, y un derecho de los ciudadanos exigirlo y coparticipar en esta gesta.

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