• Editorial Semana

¡ Que revivan nuestros espacios!


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Hace unos días que todo Puerto Rico celebró el día de Roberto Clemente. El talento, la personalidad, la valentía, el carácter y la gesta deportiva de una figura como esta, sin duda merece posicionarla e inmortalizarla con todas las estrategias disponibles. Nuestros jóvenes necesitan modelos, héroes de carne y hueso, no super héroes de fantasía y Clemente sin duda es un gran modelo para estos.


Hace cincuenta o sesenta años atrás, que en Puerto Rico un desarrollo urbanístico se daba y lo primero que se esperaba era que se contara con un parque de pelota y una cancha de baloncesto. Los niños y jóvenes crecían y se desarrollaban en sus comunidades en torno a esas facilidades recreativas. Las mismas, se convertían en el centro de socialización e interacción y en ellas se dieron los primeros pasos de lo que más tarde se conoció como el modelo de participación ciudadana, pues grupos de voluntarios ofrecían de su tiempo, recursos y talentos para la creación de ligas deportivas, mejoras a facilidades y el ofrecimiento de destrezas para todos los jóvenes que hasta allí llegaban. El sueño de ser un gran pelotero o baloncelista en muchos estaba, pero más importante que eso, era la gestión comprometida y voluntaria que en esos espacios se daba.


El comercio local se involucraba y formaban parte del voluntariado que respaldabas esta labor que impactaba la vida de miles de niños. Sin duda, aquellos espacios sirvieron por mucho tiempo de acogida para muchos que hasta esas facilidades deportivas comunitarias llegaban.


Actualmente, de dicha experiencia, Puerto Rico y Caguas se llenan de orgullo al ver uno de los mayores exponentes del resultado de aquellas gestas voluntarias, el queridísimo Alex Cora y con él todos esos jóvenes puertorriqueños que se destacan en grandes ligas, que se inicaron en dichos espacios comunitarios y en ellos desarrollaron sus talentos y mucho del carácter necesario para llegar donde están. En aquel entonces, escuelas especializadas en deportes, no existían pero mucho compromiso y unidad comunitaria permitía el desarrollo de talentos y el buen uso del tiempo libre.


Nuestras comunidades han envejecido y los deportes han evolucionado y como resultado, muchas de estas facilidades perdieron algo del esplendor que alguna vez tuvieron, pero a pesar de esto siguen siendo los residentes de cada comunidad, el primer eslabón de la cadena de recursos necesarios para que dichos espacios se mantengan en estado óptimo o evolucionen a tono con los cambios sociales. Intentarlo de otro modo, solo llevará al fracaso y en pastizales y terrenos baldíos se convertirían dichos espacios.


Ahora la tecnología por un lado, la baja en natalida por otro y la ampliación en la oferta deportiva, quizás dejen vacías algunas de aquellas facilidades que para los años sesenta y setenta todos añoraban. Pero, decidir sobre ellas para obtener su sostenibilidad o identificar su mejor oportunidad, sigue requiriendo de la participación, de aquellos que viven en cada comunidad.


Ojala que al terminar la pandemia revivan esos espacios y se reactive aquel camino solidario del voluntariado comunitario.