• Editorial Semana

Quién tiene más pantalones en la casa…


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Comentaba en la columna anterior como, con la invasión de las tropas estadounidenses a Puerto Rico, también llegaban el Tío Sam, Santa Claus, “los americanos”, los gringos, el yanqui ése, y “Mr. Ñemerson”, quien era responsable de algo no tan bueno. También llegó, afectándonos a todos, la manera de hablar, la forma de vestir de hombres y mujeres, la forma ridícula de peinarse hombres y mujeres, la forma de tatuar sus cuerpos (hombres y mujeres) templo que es, del Espíritu Santo. Tantas cosas que hay que ver y oir, tanto personalmente como en películas, televisión, y los periódicos, que son tan exageradas y mal vistas que dan mucho que comentar. Se han visto y oído tanta grosería, tan malos ejemplos aumentar con tal intensidad, hasta lograr que hoy, las personas mayores responsables vuelvan la cara ante la presencia de tantas vulgaridades. Y que han ido aumentando con la presencia del cine y mucho más, con la tele- visión actual. En las que según sea mayor la gritería y los malos gestos y la chabacanería de las vestimentas, peinados y gritos y saltos, muecas y desorden, pues mejor.


Los trajes de baños eran bien discretos, según eran nuestras jovencitas y mujeres. Consistían de una blusita y un pequeño pantalón. El tiempo vio disminuir su tamaño y estilo. Se cortó hasta hacerlo de dos piezas más pequeñas. Llega la Segunda Guerra Mundial. De Bikini, lugar en donde se realizaban pruebas de lo que más tarde sería la bomba atómica, se tomó el nombre del nuevo traje de baño femenino. A las dos pequeñas piezas, superior e inferior, se les llamó Bikini. Fue un éxito internacional. Con el tiempo se llegó a hablar de que el bikini se había convertido en mono-kini.


Cuando algunas mujeres se atrevieron presentarse en la playa con una sola pieza, la inferior, por todo el mundo se comentaba la nueva forma en que las mujeres mostraban el monokini luciendo sus bonitos senos. Estos comentarios se extendían mundialmente sin importar la vida cotidiana africana: las jóvenes y señoras caminan todo el tiempo exponiendo sus senos al aire y a las miradas masculinas. En la plaza Santiago R. Palmer de Caguas y en la esquina del Teatro Alcázar, los jóvenes estudiantes de Escuela Superior y graduados de la Universidad de Puerto Rico comentaban sobre las muchachas a las que le gustaba verse en Nadakinis.


Hoy llama la atención el uso que trajo el Tío Sam a nuestras jovencitas y mujeres: El uso de pantalones a lss mujeres. Hoy día las mujeres tiene más pantalones que los hombres. En sus vestidores ellas tienen 20 pantalones de toda forme y color para escoger. Y lo que es peor. Ese pantalón lo arregló a su gusto. Más largos o más cortitos. De todo color: desde negro hasta rojo y anaranjados. Modificó el ruedo del pantalón para hacerlo tan amplio que ondee sobre sus pies haciéndolo falda-pantalón. Las adolescentes aceptaron unos mahones de hombre trabajador, de color azul con un desgarre circular en cada rodilla. Otras más innovadoras decidieron rasgar hacia abajo y dejar que el desgarre muestre algo de sus piernas. …Y que vendrá después. Imagínense u olvídenlo…


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