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Reactualización del teatro de guerrilla (Conclusión)




Por: Juan Ilich Hernández


En esta última fase estaremos apreciando a modo groso el amplio y diverso esquema que tiene, tanto el arte en sí como el teatro. Dentro del constante conflicto sociocultural que vivieron los múltiples movimientos sociales como ha sido el proveniente de los cuerpos artísticos vanguardista-obreros se desataron otras células organizativas en clamor del amor al arte y país. Y es precisamente hacia esta dirección donde el sistema económico- político/colonial apuntala su amordazamiento e inclusive mutilación.


En términos sociohistóricos, si nos detenemos en estos últimos planteamientos, hallamos que el mejor ejercicio con el que siempre se ha combatido y hecho resistencia ante cualquier amenaza o represalia política es el ámbito teatral en el país. Esto no significa que la literatura, poesía, danza, filosofía, entre otros estuviesen excluidos del campo histórico-cultural de principios y mediados de siglo XX, sino más bien que el teatro hizo un poco más de estruendo que los demás.


Gran parte de las innovaciones que el teatro de guerrilla actualizó fueron sobre todo sus espacios performativos escénicos. Dicho reflejo en el país donde primerizamente se puedo manifestar más llamativamente han sido en las Universidades de Puerto Rico. Tanto es así, que cuando aconteció la gran huelga del 70, los miembros del movimiento estudiantil FUPI (Federación Universitaria Pro Independencia) realizaban frecuentemente actos de protesta plus perfomativos de todo tipo en cualquier lugar o contexto que fuera idóneo para exponer su interpretación teatral, recital, poético, musical, etc. El fin de este, aparte de ser uno visionario era a su vez transgresor debido a que rompía con las normativas tradicionales de lo que en sí se entendía por teatro escénico y estético bajo un espacio en específico. De ahí que luego se continuara con la tradición de apropiarse de los espacios baldíos para cultivar un bien-común.


Con este nuevo método de cómo incursionar en el teatro fue que prácticamente los instrumentos y formas de hacer valer protesta, arte, agitación y conciencia social comenzaron a florecer en el país.


Si tomamos el caso micro-histórico de Caguas, exploramos que la práctica del teatro obrero jamás pasó por alto y muchos más la de apropiarse de algún lugar u espacio en particular. Debido a este hecho social es que otros organismos organizativos comunitarios como la comunidad del Barrio San Salvador, la Barriada Morales, Urbe-Apie en el casco urbano, entre otros, apuestan reiterativamente al uso libertario de las artes.


Queda claro, que todo lo que concierna a cambio social, sea uno parcial como radical, el arte siempre adquirirá un papel protagónico ya que propulsa la cálida y estremecedora invitación de hacer más sensible, humano, consciente y creativo al ser humano. Por tal motivo, es que las esferas de poder como son los aparatos tecnocráticos originados de las ciencias, matemáticas, ingenierías- industriales y corporaciones desarrollistas hoy día se intenta no solo desplazar, sino también menospreciar o descomponer resignificativamente al arte.


De aquí es que surge la ardiente e inquietante conmoción de los movimientos sociales como el estudiantil, LGBTTIQ+, feminista, ecologista, obrero y artístico de poner en relieve en qué tipo de estado actual se encuentra Puerto Rico vía la pintura, protestas, perfomances, recitales, musicales, activismo, y el mismo teatro en la calle.


Así que, el teatro y el mismo arte no solo es lo que resiste ante cualquier cambio que vaya a efectuarse para bien o mal, sino, más bien es otro medio para sembrar conciencia. Nos expresa Alejandro Tapia y Rivera que “las grandezas están en el alma y no en la posición social”.


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