• Editorial Semana

Realidad de las despalilladoras


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


En pasadas columnas hemos trabajado con el Tabaco y la contracultura que se desarrolló en torno a la misma. Lo interesante era que la columna vertebral del proceso tabaquero eran las despalilladoras. El trabajo magistral de Francisco P. Jiménez, nos retrata la realidad de este sector del proletariado del tabaco. Lo interesante es que plantea de forma poética la realidad de las trabajadoras. A continuación un fragmento del poema. El sol se quedó dormido como un burguesito vago, mientras las sombras deambulan con pisadas de noctámbulos, tirando tumbos obtusos donde el miedo causa estragos. Ella, la pobre, hasta el sueño pierde con sueños plateados y, despierta carilarga, pálida y siempre cargando su bagaje de miserias y su cruz de veinte años, que ha duplicado inclementes, los flagelos del trabajo, el dictador del sistema, con su cohorte de gusanos. La lujuria de los hombres y los ayunos forzados. ¡Avanza a despalillar que tú te debes, al amo, y esa deuda con tu vida l a tienes que ir saldando, y no la salsas aún porque el señor es avaro y exige que dejes hijos al taller hipotecados!


Hacemos esta presentación porque los que tuvimos la oportunidad de ver a las trabajadoras de la General Cigar (La Colectiva) y de la Consolidated Cigar Corp., veíamos que, éstas superaban por mucho a los trabajadores. La dinámica no se comenzó a dar con estas fábricas sino desde comienzos del siglo XX, ya que el salario que se le pagaba a las obreras era por debajo del que se le pagaban a los trabajadores. Muchas de ellas levantaron su voz de protesta, no porque entendieran que eran bien pagados los hombres sino por el doble proceso de explotación que tenían las mujeres. La memoria oral de nuestro pueblo nos hace recordar a viejas luchadoras por la igualdad, tanto de salarios como de condiciones laborales de líderes como: Antonia “ la Cubana”, Damiana “la torcedora” y de Juana “ La Ardilla”.


La persecución tocó las puertas de sus residencias y de la doble explotación de una parte del sistema y de otra del maltrato de sus compañeros o maridos. En el caso de doña Antonia, su esposo la dejó abandonada con cuatro hijos, quien tuvo que hacer de tripas corazones para poder criarlos. El de doñ Damiana, el esposo salió a Estados Unidos y nunca regresó y doña Juana se desconoce qué sucedió desde que el marido la abandonó.


Lo interesante de esta situación es que nunca pudieron callar la voz de las entrañas del taller como del arrabal ya que según nuestra investigación; Antonia vivió en “ El Buche” de Savarona o de Campo Alegre, en la calle del Amor, Juana “ La Ardilla” vivió en la calle Eugenio María de Hostos para el sector de Campo Alegre y Damiana vivió en la calle Cristóbal Colón en Savarona, muy cerca de los cuarteles de Mr. Johnson y la calle del Millón (hoy calle Ponce de León).


Este tipo de investigación es uno doloroso porque todavía a la mujer se discrimina por su condición de género y en términos salariales, pero mucho más interesante es el eliminar a estas abuelas de la lucha obrera y de su eterno batallar contra la explotación del hombre por el hombre, pareciendo que se olvidan de la mujer, la que tiene doble jornada. Hacemos esta afirmación porque después de cumplir con su jornada de trabajo tiene que ir a su casa a cuidar, de sus niños a cocinar y llevar a cabo todas las tareas que la sociedad le exige. . . continuaremos

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