• Editorial Semana

Sí, sí… Sí.


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Vivíamos en El Retiro, en Caguas. La casa, en dos cuerdas de terreno, nos fue diseñada por un conocido arquitecto de San Juan. Quedó muy bonita y cómoda. Tenia tres terrazas y dos bibliotecas, además de un bello patio central con una pequeña laguna rodeada de flores. Sucedió lo que era predecible. Los cuatro hijos se casaron, o se fueron a vivir en los Estados Unidos y toda la gran casa quedó solo para mi esposa Lily y yo. Con el tiempo nos convencimos: La casa se nos hizo muy grande y tuvimos que venderla. Para sustituirla, mi esposa me llevaba a las diferentes casas que familiares nos recomendaban. A cada una de ellas les decíamos: No. No era lo mismo. Un día mi esposa Lily me dijo : Hoy quiero que vayamos a ver una casa que nos recomendaron en una nueva urbanización en el barrio Bairoa. Se llama Mansiones de Ciudad Jardín. Tiene unos alrededores muy bonitos. Ya veremos como son por dentro.


Al llegar nos impresionó mucho sus alrededores. Las montañas que ondulan los alrededores del Valle del Turabo nos llamaron la atención por sus verdes resplandores. El camino a la entrada a la urbanización (al que de inmediato llamé en mi pensamiento: El Camino Real), dividía su entrada y salida, por alargadas jardineras de bellas flores, muy llamativas. A la mano derecha de la entrada llamaba la atención una muy grande y bella fuente de piedras cuyas aguas se dispersaban por todas sus bien organizadas piedras. Vecinos y cagüeños en general, se fotografiaban frente a ella luego de sus bodas o cumpleaños, para tener un bonito recuerdo en el libro de sus vidas.


Al entrar a la nueva casa que nos ofrecieron los administradores de la moderna urbanización, enseguida yo me dirigí al patio del nuevo hogar. Me había sentido grandemente atraído y la vez deslumbrado por la belleza que se pintaba en el horizonte y cercano cielo. El color azul celeste que destacaba en el cielo tropical iluminado por la luz reciente del sol mañanero, presentaba una bella exposición de blancos algodonados de nubes blancas de muy bellas formas y agrupaciones, aquí y allá.


El bello espectáculo de colores expuesto por el sol deslumbrante que daba luz al paisaje de bellos algodonados de nubes blancas en cielo azul celeste y los multicolores verdes que matizaba el paisaje vegetal me hizo exclamar para mis adentros: Sí, sí. Sí... Ese Sí en mi pensamiento era para decirle a Lily, quien estaba mirando comedor, cuartos y baños de la casa, que ese hogar Sí era el que queríamos compartir y disfrutar.


Todos los días me asomaba al patio para disfrutar mi paisaje y le decía al Dios Padre Creador de todos los bellos paisajes del universo que recordé al Dios de los Ejércitos del pueblo judío cuando Dios le abrió el Mar Rojo para que ellos marcharan por tierra firme mientras le cerraba el mar hasta la muerte al ejército egipcio que los perseguía para devolverlos a la esclavitud. Yo sé que no es lo mismo pero el Sí, sí. Sí… para darle las gracias al Dios Padre Creador de todas las bellezas me economiza dialogar mucho. Además Dios Padre Creador de todas las bellezas del universo me entiende sin tener que hablar mucho.

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