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Salario emocional




Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Uno de los temas más comentados en estos días es el recién aprobado aumento del salario mínimo.


En principio no creo que nadie esté en contra de mejorar las condiciones salariales de los que día a día se levantan a ganarse honradamente y con esfuerzo y compromiso el pan nuestro de cada día. Pero, por otro lado, para decisiones como esta, debe haberse tomando en consideración un análisis responsable que haga justicia verdadera, porque justicia para sólo unos días, no es justicia.


Menciono esto, porque si aumentar el salario mínimo para algunos patronos puede representar el cierre de sus operaciones, pues la alegría durará poco para aquellos empleados que queden sin trabajo. ¿Y entonces?


El número más alto de patronos que generan empleos en Puerto Rico está entre los pequeños y medianos comerciantes y empresarios, los que cuando se toman las decisiones tal parece que poco los han escuchado.


Con todo lo importante que puede ser el que se continúe mejorando el salario mínimo hay cosas que no las da el dinero en el bolsillo.


Recientemente se estudia el concepto del salario emocional. Este se refiere a todo aquello que un patrono ofrece como beneficios que no siempre son de tipo financiero. Cosas que se dan para mejorar la satisfacción y calidad de vida de los empleados. Entre lo que puede estar mejoramiento profesional, actividades, horarios flexibles o más cómodos, trabajo remoto para los que así les funcione, reconocimientos, experiencias no tradicionales que eleven la calidad de vida y oportunidades del empleado.


Hoy día los trabajadores buscan más que un empleo, buscan un patrono que entienda sus necesidades emocionales y personales. Lugares donde se sientan valorados, respetados y apoyados. Lugares donde puedan crecer tanto personal como profesionalmente. Se ha demostrado que cuando los empleados perciben un salario emocional alto, se siente más comprometidos, reportan mayores niveles de satisfacción son más productivos y menos propensos a dejar sus trabajos, más allá de si le suben o no el salario.


¿Cuál es el país que queremos, debe ser la pregunta de todos los que les corresponda la toma de decisiones? Uno en el que vivamos con calidad de vida, con decisiones que miren holísticamente su impacto o uno en el que por ganar más dinero se sigan cerrando las puertas y oportunidades de empleo, se siga vaciando el país y empobrezcamos más a algunos, pues el progreso no es para todos. La invitación es, a reconocer que el emprendimiento se respalda con decisiones que lo promuevan, y no que lo cancelen y que por ende se amplíen las oportunidades de empleo y la calidad de vida de los trabajadores.

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