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  • Foto del escritorEditorial Semana

San Sebastián, más allá de las fiestas




Por: Jesús Santa Rodríguez


Ya estamos en el tercer tramo de las tradicionales navidades puertorriqueñas mientras nos preparamos para la celebración de la Víspera de Reyes con el recogido de grama para los camellos, el disfrute de los regalos dejados por estos tres sabios y la celebración de la Epifanía, que es el evento en que fue revelada al mundo la majestuosidad divina de Cristo. De entre los preparativos para la Fiesta de Reyes, destacan los platos más tradicionales de nuestra mesa, donde el típico lechón asado a la vara es el triste protagonista.


A partir de ahí, nos encaminamos a disfrutar de las fiestas de la Calle San Sebastián que se celebran en su honor cada 20 de enero.


Sebastián fue un militar ascendido al grado de centurión por los emperadores de su época, quien fue ejecutado por su mismo gobierno por haber apoyado a otros cristianos durante la persecución que estos sufrieron unos doscientos cincuenta años después de la muerte de Cristo.


Siendo oficial militar, Sebastián mantenía un apostolado visitando a los cristianos encarcelados por causa de su fe. Al ser descubiertos sus actos por el emperador Maximiano, este lo obligó a escoger entre su oficio en la milicia o su religión, decantando Sebastián por su amor al Cristo que solo conoció por el relato de otros. Enfadado, Maximiliano lo condenó a muerte por ejecución por flechas, y lo dieron por muerto. Sus amigos se acercaron a su cuerpo, pero notaron que había sobrevivido milagrosamente y lo llevaron a casa de una cristiana romana, Santa Irene, que lo escondió y sanó sus heridas. A pesar de los consejos de sus amigos de mantenerse alejado de Roma, Sebastián se negó, y en un valeroso acto de desprendido testimonio se presentó ante el emperador, quien en lugar de perdonarle la vida mandó a que lo azotaran hasta morir en el año 288 de la era cristiana.


Sabemos que las Fiestas de la Sanse están inspiradas en este personaje. Aunque el relato de su vida y sacrificio por la fe es uno profundamente aleccionador, las fiestas que celebramos en Puerto Rico dejan a un lado su vida de valor y sacrificio por aquello en lo que él creía.


Reconocemos que el propósito de estas fiestas es traernos alegría y la oportunidad para compartir entre amigos. Asimismo, se convierten en una plaza para el disfrute del talento musical del patio, se abren espacios para la venta de artesanías, disfrutamos de lo mejor de la cocina, y la bahía y el muelle de San Juan se abren hospitalariamente para el recibo de miles de turistas. Todo esto es bueno y lo celebramos.


Sin embargo, en medio del festejo, reflexionemos sobre el significado de un héroe como San Sebastián, así como de tantos otros que han dejado, gracias a una vida de perseverancia y méritos, un ejemplo de dignidad y aplomo en la defensa de aquello en lo que creían.


¡Felices fiestas!


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