• Editorial Semana

Septiembre 11, –92 años.–Gloria a Dios


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Doy gracias a Dios por tanta bondad que he tenido toda mi vida. De tantas, solamente me referiré a dos de ellas por su gran emoción en mí.


Primero, el hogar que escogió para criarme. Dos buenos padres y familiares. Aquella casa en la calle José Gualberto Padilla “El Caribe” #68 estilo colonial español con bellos balaustres en hierro ornamental en su balcón, me fue brindada con dos buenos padres. Mi padre, Tenedor de Libros, siempre vestido con sombrero, traje crema, camisa blanca almidonada y corbata, mostraba su respeto al trabajo y a la sociedad. Conocido en Caguas por su bella letra al escribir con su pluma personal. También era recto y firme con los hijos. Estudio formal, buenas notas, firmeza al escoger la carrera al estudiar. Una biblioteca con libros de literatura española y enciclopedias para el estudio en casa: Worldbook, American University Encyclopedia, Home University Encyclopedia. Luego nos trajo la colección Tesoro de la Juventud: 20 tomos que nos deleitaban con entusiasmo el paseo por la literatura española. Mi madre, sólo bondad en ella. En su dormitorio una estatua del tamaño de dos pies de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz o, simplemente, Santa Teresita y en su cuello una medalla de la Virgen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Patrona de los Padres Redentoristas. El pordiosero que todos los sábados la llamaba: Señora, para pedir su limosna, un día la llamó para pedirle un vaso de agua. Ella se lo dio en vaso de metal y color, con mucho hielo. De ahí en adelante todos los sábados fueron con agua y hielo en su vaso de color. Un sábado el viejito pordiosero no llegó. Pasaron varios sábados sin él llegar. Y mi madre comentó: El viejito de nosotros ya no vine más. Se ha muerto. Y lloró por él. Aquel limosnero no murió sin que nadie lo llorara… Fue electa Madre Ejemplar de Caguas.


La segunda emoción escogida fue la Renovación Carismática Católica en Aguas Buenas. Organizada por el Padre Thomas Forrest, de la Congregación del Santísimo Redentor (Padres Redentoristas). Me entusiasmó tanto que llevé a mi madre y hermanas para que disfrutaran del cariño fraternal entre sus miembros: (Qué mucho se quieren… Se comentaba).

Mi bautismo en el Espíritu Santo –don de Dios para protegernos en nuestro caminar por la vida fue personal y agradable. (Lágrimas y alegría de felicidad: Hosanna). Mi primera visión me emocionó. Un niñito de 4 años vestido de blanco (sano, limpio y puro) había rechazado al furioso y grande monstruo del pecado que con dientes furiosos y mirada grosera por el rechazo, iba conducido por Jesús por el camino de santidad hacia la Gloria de Dios. Una mirada paternal lo acompañaba. Jesús nos dijo: Dejad que los niños vengan a mí. De ellos es el Reino de Dios. Hay que ser como un niño para entrar a su Reino: día eterno –sin noche de luces deslumbrantes, de música celestial de ángeles y alabanzas de santos al encuentro con el Señor: Padre e Hijo. Pero fue sentir la presencia del Espíritu Santo la que me marcó para siempre. La sutileza de un perfume suave y gentil que se derramaba sobre mí. A la vez lo aspiraba. La emoción de su recorrer por todo mi cuerpo, piel y órganos internos era una dulce paz: Shalom. Gran alegría y felicidad: Hosanna de paz espiritual. Descanso en sueño con sonrisa y ojos agradecidos, es promesa de paz eterna y feliz durante el eterno día sin noche del Reino Celestial.

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