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Sobre el servicio público

Foto del escritor: Editorial Semana
Editorial Semana
27 ago
3 min de lectura
Por: Myrna L. Carrión Parrilla
Por: Myrna L. Carrión Parrilla

Hay palabras que por escucharlas con frecuencia corren el riesgo de perder la profundidad de su significado. Una de ellas es servidor público. Vale la pena detenernos a pensar en esas dos palabras: servidor, porque su razón de ser es servir; y público, porque ese servicio está dirigido al pueblo, al bien común y a una sociedad que deposita su confianza en sus instituciones.


Durante muchos años, en Puerto Rico decir “soy servidor público” fue motivo de gran orgullo. Miles de hombres y mujeres hicieron del servicio gubernamental una carrera honorable. Maestros, policías, trabajadores sociales, enfermeros, oficinistas y tantos otros entendieron que, más allá de recibir un salario, existía una responsabilidad con el ciudadano.


Todavía contamos con extraordinarios servidores públicos que todos los días honran esa tradición. Personas que trabajan con compromiso aun cuando enfrentan limitaciones de recursos, escasez de personal, estructuras burocráticas y condiciones que ciertamente pueden provocar cansancio y frustración. A ellos debemos reconocerlos y agradecerles.


Sin embargo, algunas actitudes que hemos comenzado a observar deben llevarnos a reflexionar. En ocasiones escuchamos una expresión que se ha vuelto común: “Esto es para 30 años”, haciendo referencia a la seguridad que puede representar obtener un puesto en el gobierno.


Tener estabilidad laboral es legítimo y valioso. Aspirar a desarrollar una carrera durante treinta años también lo es. Lo preocupante sería que esa seguridad llegara a interpretarse como ausencia de responsabilidad sobre la calidad del trabajo realizado.


“Esto es para 30 años” debería significar treinta años creciendo, aprendiendo, aportando y sirviendo, y nunca treinta años simplemente ocupando un puesto.


Es cierto que las circunstancias económicas han cambiado y que muchas agencias enfrentan grandes retos. Pero las limitaciones de recursos no son completamente nuevas. Generaciones anteriores también trabajaron en circunstancias difíciles y, en innumerables ocasiones, el compromiso, la creatividad y la vocación hicieron posible ofrecer un servicio digno.


El ciudadano espera encontrar en su servidor público respeto, sensibilidad, responsabilidad, conocimiento, integridad y disposición. Quien llega a una oficina pública no está solicitando un favor personal. Está procurando un servicio que esa institución existe para ofrecer.


Por eso también debemos prestar atención a la manera en que seleccionamos a nuestros servidores públicos. Necesitamos procesos claros, justos, transparentes y basados en competencias, donde la preparación, el mérito y la capacidad tengan verdadero peso.  Seleccionar bien también es servir bien.


Quizás necesitamos recuperar algo que nunca debimos permitir que se debilitara: el orgullo de servir.


Ser servidor público representa una oportunidad extraordinaria. 


No debemos generalizar ni permitir que las actuaciones de algunos opaquen la entrega de tantos. Pero tampoco debemos ignorar señales que invitan a revisar nuestra cultura de servicio.


Puerto Rico necesita servidores públicos orgullosos de serlo y ciudadanos que respetemos y valoremos a quienes sirven con excelencia.  Al final, la verdadera grandeza del servicio público quizás pueda resumirse en algo muy sencillo: comprender que ocupar una posición puede ser un derecho adquirido, pero servir bien es una responsabilidad que se renueva cada día.  A todos los servidores públicos que a diario salen a servir, felicidades en su semana y recuerden siempre, que son ustedes quienes pueden hacer el cambio que en ocasiones pensamos está en manos de quien está en el poder, porque cuando se sirve con competencia, humanidad e integridad, no solamente se cumple con un trabajo: se ayuda a construir país.

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