• Editorial Semana

Socialismo democrático Vs. Capitalismo depredador


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


Francamente, existen dos tipos de gobiernos electorales a la altura del siglo 21: (1) los que gobiernan para beneficio del capitalismo depredador y (2) los que gobiernan para el bien común y el desarrollo humano mediante políticas de igualdad, justicia social, justa distribución de la riqueza, derecho a educación, salud, vivienda, alimentación, recreación, respeto a la dignidad y protección de los derechos humanos. Como se sabe, Estados Unidos ha sido históricamente enemigo del socialismo democrático porque supuestamente ello atenta contra la riqueza y bienestar de las oligarquías que, aún cuando constituyen menos del 5% de la población, controlan más del 95% de la riqueza mundial. Se trata sencillamente de posturas egoístas y acaparadoras en contra de la política de solidaridad entre los seres humanos. Ello explica su continuo y obsoleto discurso de la “guerra fría” para desprestigiar a los gobiernos solidarios mientras pretenden esconder su propia problemática social.


Sin embargo, EEUU se ha visto obligado a adoptar sus propias medidas socialdemócratas para subsanar su creciente desigualdad, pobreza y desamparo existente en sus propias entrañas. Por cierto, ha quedado meridianamente comprobado que la corrupción, criminalidad y la depravación pública ocurren con mayor frecuencia en los países capitalistas que en los gobiernos socialdemócratas.


Por su parte, los defensores de la unión permanente, ciudadanía indisoluble y la dependencia perniciosa, rojos y azules por igual, insisten en perpetuar las relaciones coloniales motivados no tanto por la lealtad y admiración que dicen sentir por EEUU sino por los beneficios que emanan de los programas sociales implantados a partir de la gran depresión de 1930. Pero no nos equivoquemos. Ese culto a la dependencia no solamente es manifestado por los sectores más vulnerables sino también por los apologistas del régimen colonial que se lucran descaradamente del presupuesto y los fondos federales. Rechazan el socialismo democrático para congraciarse con EEUU pero a la postre son rehenes del mantengo institucional promulgado por la metrópolis para perpetuar la subordinación política. Desconocen que el seguro social, becas, Fema, programas nutricionales, plan ocho, entre otros programas, son medidas heredadas del socialismo democrático.


Francamente, no hay que ser científico social para concluir que las motivaciones coloniales de los incondicionales del patio han sido estrictamente económicas. Esa ha sido la voluntad del colonizador y para ello crearon las condiciones para la dependencia y el consumo compulsivo impuesto a los puertorriqueños desde 1898. De ahí que la abrumadora mayoría de los puertorriqueños rechacen su derecho a la libre determinación e independencia porque se les enseñó, mediante tácticas de miedo, mentiras y demagogia, que la libertad es miseria, hambre y lágrimas.


Pasan por alto que la dependencia paralizante ha traído consigo desigualdad, pobreza, marginación, desempleo, criminalidad, narcotráfico y la desintegración familiar provocada por la nefasta emigración masiva.


De modo que, tras 122 años de explotación económica, pobreza, marginación y opresión sistemática, el anexionismo aboga por la estadidad federada por aquello de emular el antiguo discurso de los romanos: “Si no pueden vencer al opresor, únete a él”.

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