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Sociología histórico-cultural de los inmuebles en Caguas (Parte II).

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 2 abr
  • 3 Min. de lectura

Por: Juan Illich Hernández


Todo parece indicar que la historia de los inmuebles, más allá de estarse definiendo como compuestos infraestructurales (carreteras, edificios, arquitecturas, etc.) según nos dibujan ciertos sociólogos como Georg Simmel (1977) necesitan del factor de las intensificaciones psicosociales para hacerse desarrollar. Mediante el contra-efecto y contracultura que trae la modernización de carácter colonialista, la misma mente humana comienza a trastocarse ultrarrápidamente. Y es precisamente bajo ese estado de conmoción sociocultural que surgen las grandes revoluciones, en cuyo caso aquí, han sido las estructuras. 


Una de las mejores representaciones a nivel local en lo que concierne al avivamiento del casco urbano es el rediseño ambiental y general de lo que solía ser la casa alcaldía. En efecto, de pasar a ser un edificio de corte arquitectónico colonial español llegó a un modelo más contemporáneo, minimalista, burdo, pero, sobre todo de un estilo brutalista francés. A la luz de dichos señalamientos, observamos cómo por medio de la arquitectura, los espacios, aparte de estarse reinventando, nos están verbalizando algo, sobre cómo el poder se está regenerando. Sin embargo, el andar de prisa, encontrarnos en el constante vaivén del “tiempo es dinero” o estando metidos en el carro hablando por teléfono incentiva a la constitución de la miopía estructural metafóricamente hablando la cual evita que veamos por fuera del texto. 


Si nos sumergimos en las zonas abisales o profundas del pueblo de Caguas, tanto la Plaza Palmer como Centro de Bellas Artes son por lo usual sus activos económicos- políticos de mayor atracción e intensificación social. Cabe agregar, que ese trazo logístico y hasta bien situado pudiese estirarse hasta el Centro Comercial “Shops @ Caguas” e inclusive Plaza Villa Blanca. 


Ya habiendo acotado una línea limítrofe de donde prácticamente llega la ruta de planificación urbana, diríamos que, lo que esté intermediando entre esas áreas quedará invisibilizado, rezagado, apiñado y excluido. Evidentemente, si seguimos la huella del análisis de discurso de la Junta de Planificación y Desarrollo económico (Fomento) se trasquilan todas las desfachateces y sinvergüenzuras con las que arremeten a los más vulnerables. En ese sentido, el mejor escenario que ilustra con creces el bestialista y violento ultraje con el que se eliminan los espacios clasificados como arrabales lo tenemos en la barriada Morales, el Campito, antiguos residenciales Gautier Benítez & Castellón, Savarona, Los Tres Brincos, entre otros. 


El fenómeno de los inmuebles peculiarmente en Caguas y Puerto Rico mantuvo siempre en la sombra del ojo público la extrema pobreza. Lo mismo podría decirse de otras latitudes del mundo. A pesar de que la cultura del gueto o arrabal tenga para el imaginario social una falsa conciencia e imagen, su valor para los grandes intereses financieros son unos incalculables. Tal punto corresponde a la privilegiada ubicación en la que se encuentran estos aparentes “estorbos” sociales. 


Gran parte de las retransformaciones que el municipio de Caguas ha ido empujando son proyectos urbanos que una vez fueron desacreditados. Es decir, que muchos de los planes urbanos revitalizadores estuvieron categorizados como zonas de alto riesgo y/o vulnerables, justamente este ha sido la situación de ciertas urbanizaciones, centros comerciales, etc. Así que, los bienes inmuebles cada vez que se tropiecen en tiempos de austeridad y crisis económica adquieren dentro del juego de la reoxigenación la construcción de mayores malls, urbanizaciones, Airbnb, hoteles, entre otros saqueos. De ese modo tipo pulpo, que a medida que le cortan un tentáculo reincorpora nuevamente otras extremidades van alcanzando sus ganancias y potencialidad con fines de mantener el control de todo. (Continuará)… 

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