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Trasfondo histórico del asalto al capitolio


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


Aunque fue fundado por religiosos fundamentalistas a raíz de las 13 colonias británicas del siglo 17 y 18, no es menos cierto que Estados Unidos, reconocido como uno de los imperios más poderosos de todos los tiempos, se forjó sobre una cultura de violencia, represión, ocupación e imposición de sus propios valores religiosos, políticos y económicos. Para ello utilizaron indiscriminadamente la fuerza de las armas contra todos los que se cruzaban en su camino. Más aún, su filosofía de vida fue inspirada sobre la falsa doctrina de la “supremacía blanca” convencidos de que solo ellos poseían atributos divinos para gobernar al resto del mundo. De modo que, con sus virtudes y defectos, la “democracia imperial estadounidense” no solo tiene sus manos ensangrentadas, sino que ha estado históricamente acorralada por sus propios prejuicios raciales contra indígenas, afrodescendientes, latinoamericanos y asiáticos en abierta violación a los derechos humanos. El autoproclamado paladín de la democracia mundial mantiene colonizados a Puerto Rico, Islas Vírgenes, Islas Marshall, Guam y Samoa Americana.


Resulta igualmente sorprendente la gran cantidad de analistas (estadounidenses, puertorriqueños, latinoamericanos, europeos) expresando su indignación por el asalto al Capitolio de parte de las turbas republicanas el pasado Día de Reyes cuando el historial de agresión de Estados Unidos sobrepasa las 45 intervenciones contra países libres y soberanos. Incluso, algunos han expresado su preocupación por el despliegue de la bandera Confederada, emblema de los Estados del Sur cuando rechazaron la abolición de la esclavitud y proclamaron la secesión de Estados Unidos durante la Guerra Civil de siglo 19 bajo la presidencia del Abraham Lincoln. Recuérdese que el presidente Lincoln fue asesinado precisamente por un supremacista blanco en repudio por haber favorecido la abolición de la esclavitud. Como se sabe, para multiplicar sus riquezas la supremacía blanca dependía del deleznable negocio de la esclavitud africana.


Pero mucho más humillante resulta el apoyo de latinoamericanos al derrotado presidente, Donald Trump, aún con sus infames políticas raciales y sus discursos incendiarios contra todos los hispanohablantes que conviven en Estados Unidos incluyendo la Comisionada Residente de Puerto Rico.


Es decir, el “fallido golpe de estado” incitado por Trump y sus turbas republicanas, aparte del reclamo del supuesto fraude electoral, fue igualmente motivado por la cultura de odio racial contra las demás etnias que conviven en EE.UU. Dicho caldo de cultivo promovido por Trump logró avivar la mentalidad fascista de los supremacistas al punto de hacerlos creer que han sido desplazados de empleos y derechos adquiridos. De ahí los 75 millones de electores que han convertido a Trump en el “Nuevo Mecías supremacista” provocando un estado de polarización comparable únicamente con la Guerra Civil. Ningún presidente derrotado había logrado semejante apoyo electoral.


Por su parte, Lolita Lebrón y sus compañeros atacaron heroicamente el Capitolio en 1954 para denunciar ante los foros internacionales el antidemocrático estado colonial al que han sido sometidos los puertorriqueños por los “autoproclamados paladines de la democracia mundial”.

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