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  • Foto del escritorEditorial Semana

Un gimnasio con historia


Alex Caraballo (izquierda) y Orlando Piñero junto a Juanma López, uno de los muchos campeones que ha entrenado en el gimnasio Cheo Aponte.

Por Jorge L. Pérez/JPG Media Group

Fotos Pepo Pereira/Municipio de Caguas


El gimnasio José ‘Cheo’ Aponte Torres, de Caguas, y tiene una historia tan larga como la del legendario exboxeador y entrenador que le dio su nombre.


Aunque nació en Nueva York e hizo prácticamente toda su carrera boxística en los Estados Unidos, Cheo Aponte tenía sus raíces en Caguas, y fue aproximadamente en 1963, cuando viene a residir permanentemente en la Isla, que funda la primera versión de su gimnasio.


Originalmente, respaldado por otro legendario entrenador de Caguas -Julián Delgado-, Cheo “empieza a entrenar boxeadores allá para 1963 detrás de la casa de Oscar Cartagena, quien tenía una farmacia en la primera de Villa del Rey”, recuerda el entrenador Orlando Piñero.


Luergo, Cheo va mudando y ampliando sus instalaciones, pasando, luego a los altos de las Farmacias González y a los altos del Laundry Deluxe.


Eventualmente, luego de que Delgado se separa para fundar el también legendario Gimnasio Bairoa, el Cheo Aponte se muda a principios d ellos años setenta a un local bajo las gradas en el estadio Yldefonso Solá Morales, donde también tenía su gimnasio de pesas el cagüeño Andrés Vargas, hoy en día presidente de la Federación de Levantamiento de Pesas de Puerto Rico.


“En los ochenta, aunque Cheo seguía siendo la figura del gimnasio, ya catalogado de gimnasio municipal, quien lo administraba era su hijo Cheíto, quien sin dudas era el mejor entrenador de boxeo de Puerto Rico en esos momentos”, agregó Piñero.


Pero Cheíto debía marcharse a los Estados Unidos y el entonces alcalde de Caguas, Angel O. Berríos, pidiendo recomendaciones para sustituirlo, escuchó entonces el nombre de Piñeiro, quien desde principios de los setenta había estado asistiendo a Delgado en el Gimnasio Bairoa y se había convertido en la mano derecha del veterano entrenador, y este fue nombrado como el nuevo administrador en 1986.


Finalmente, el gimnasio fue trasladado al que eventualmente se convertiría en el Complejo Deportivo Angel O. Berríos, ocupando el edificio donde ahora está la cancha de balonmano, donde operó hasta que en 2004 se inauguró el nuevo edificio multiusos del Complejo, donde comparte espacios con pesas, taekwondo y cheerleading.


Así, aunque en distintas ubicaciones, el Cheo Aponte está a dos años de cumplir seis décadas de servicios ininterrumpidos al boxeo de Puerto Rico, siendo reconocido como el gimnasio activo más antiguo de la Isla, y Piñeiro ha sido parte integral de esta, durante las últimas cuatro décadas.


Por ahí han pasado, naturalmente, docenas de grandes peleadores y entrenadores, incluyendo a tres que se hicieron campeones mundiales mientras entrenaban allí: Juanma López, el ponceño Alex ‘El Nene’ Sánchez, Jesús Rojas, y el ahora campeón minimosca, Jonathan ‘Bomba’ González, también ha entrenado allí, siendo su padre -Luis González- uno de los entrenadores contratados por el municipio.


Incluso la familia Cotto -liderada por el entrenador Miguel Cotto, padre- se inició allí, antes de pasar al Bairoa.


Aunque el gimnasio se mantuvo cerrado y luego operando bajo limitaciones durante la pandemia, nunca ha dejado de producir peleadores de calidad, como los hermanos Juanma y Belisa López, hijos del excampeón Juanma López; Félix Rivas, William Colón, Yamil de León, Yadiel Hernández y Carlitos de León, entre otros.


Pero hay un peleador que no fue campeón mundial que Piñeiro considera que pudo haber tenido más talento y más futuro que cualquier otro: José Miguel Cotto, hermano mayor de Miguel y miembro de la escuadra olímpica boricua de 1996.


“El se frustró”, dijo, “pero yo siempre digo que, si me lo hubiesen dejado, hubiese sido campeón mundial en las 122, 126, 130, 135, 140…”.


Hojalatero de profesión desde los años setenta y dueño del taller de hojalatería y puntura La Familia, Orlando cuenta en el Cheo Aponte con la colaboración de su hijo, Antonio Orlando, y con su principal mano derecha en el boxeo profesional, Alex Caraballo, un destacado entrenador que tuvo una corta carrera profesional: “Hizo cinco peleas y perdió seis… no sé cómo lo hizo”, bromeó Piñeiro, quien nunca boxeó pero se interesó desde una temprana edad en aprender de boxeo.


“Quizás algún día, pronto, entregue las llaves del gimnasio, pero creo que solo me retiraré después que me muera… quizás”, dijo.


“Mientras siga vivo, voy a tratar de seguir ayudando al boxeo y a Caguas, porque yo siempre he creído que no hay niños malos, sino niños faltos de atención”.

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