• Editorial Semana

Un llamado a la unidad


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


La democracia se define como el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho a elegir y controlar sus gobernantes. La soberanía del pueblo o soberanía popular nace con unos derechos y garantías constitucionales, es decir, está atada a los derechos establecidos en la constitución de cada país. Un pueblo es una unidad histórica de costumbres y hábitos de vida en común, cuyos integrantes acuerdan formar un Estado para gobernarse mejor en forma soberana, es decir, sin otro poder por encima del mismo pueblo. El pueblo, por lo tanto, constituye el Estado y es responsable de controlarlo y cambiarlo si lo cree conveniente.


Basados en estas definiciones, es parte del ejercicio de la democracia el que se puedan llevar a cabo actividades como lo son las primarias de aquellas organizaciones políticas, mejor conocidas como partidos. En el ejercicio de la democracia, los ciudadanos, haciendo uso de sus derechos constitucionales definen o identifican a aquellos ciudadanos que entienden son los idóneos para prestarle el poder del pueblo y permitirles sean estos quienes les representen en el proceso de gobernar o liderar las acciones del Estado.


Este pasado domingo culminamos un proceso de primarias. Los que tenemos algunos años viendo y cumpliendo nuestra responsabilidad ciudadana de participar de dichos procesos, seguramente vimos una experiencia no tradicional. La selección de nuevas caras en algunos casos, la censura de otros que quizás se fueron desgastando, o se confiaron, la confianza puesta en personas sin experiencia en la política, el debilitamiento de algunas figuras que parecían sentirse muy seguros y aceptados, fueron algunas de las cosas que pudimos ver como resultado de este proceso.


Observando el comportamiento de aquellos que participaron, me pareció ver un grupo de puertorriqueños en busca de renovación, en busca de nuevos estilos, y mostrando no estar tan ciegos como a veces parece. Un grupo de puertorriqueños que ya no es cuestión de darles o quitarles, sino de ejecutar con honradez, con seriedad, con respeto y equidad. Vi un grupo de puertorriqueños que quizás andan en busca de acciones afirmativas y del establecimiento de prioridades y acciones constructivas. Si lo lograran los seleccionados, no lo sé, pero los resultados quizás dan una señal de como el pueblo se siente y hacia dónde aspira caminar.


Culminado este proceso, solo espero que caminemos hacia la unidad de propósito., el bienestar de nuestro país. Por el bien de Puerto Rico, debemos dejar a un lado las diferencias y mantenernos muy atentos a los procesos. Han sido muchas las experiencias nuevas, los retos enfrentados, han sido muchos los llamados y las señales de que ha llegado la hora de como pueblo, como decimos coloquialmente, nos pongamos los pantalones largos y encaminarnos hacia un futuro de prosperidad y bienestar para todos, en el que hayamos aprendido a enfrentar y manejar correctamente los cambios, las crisis y todo aquello que pueda surgir como experiencia nueva.


En estos momentos el llamado es a la unidad. La democracia también nos requiere ser más responsables, pues nos requiere actuar como adultos, tomando nuestras decisiones y asumiendo la responsabilidad de las mismas. Culminado este proceso regresemos a lo importante y dejemos atrás lo que no ha funcionado.

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