• Editorial Semana

Una extensión del descalabro


Por: Jesús Santa Rodríguez


El gobierno de Wanda Vázquez es un calcomanía del gobierno de Ricardo Rosselló. Ambas figuras representan el retrato de una administración pública dedicada a trabajar para unos pocos al costo del sufrimiento de la mayoría.


La llegada de Rosselló al poder en enero de 2017 está vinculada a su apellido y a una situación que permite elegir un gobernador con el 40% del total de la participación electoral, o sea, con el 60% en contra. Esto resultó en una administración gubernamental mediocre para una coyuntura donde los retos de País han sido históricos. La falta de experiencia, inmadurez y pobre liderazgo fueron la causa eficiente para su caída precipitada que llevó a los ciudadanos a levantarse en intensas protestas que provocaron la salida de uno de los gobernadores más breves de la historia. No olvidemos que Pedro Pierluisi, quien intentó mantenerse en la gobernación por una vía ilegal e inconstitucional, rompió el récord de su también breve predecesor.


La salida de Rosselló y Pierluisi resultó en la juramentación como gobernadora de la ex secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, quien presentó al País la idea de que su gobierno sería uno de transición para concluir el cuatrienio, para permitir que fueran los ciudadanos los que eligieran al nuevo gobierno para la próxima década. Muy pronto fuimos testigos de cómo se desdijo convirtiéndose, en ese momento, en precandidata para participar en las elecciones de 2020.


Su plataforma no es clara, pero de acuerdo a indicadores internacionales, podemos predecir que un eventual gobierno de Vázquez no solo traería el descarrilamiento en los avances pro derechos humanos universales logrados, sino un deterioro aún mayor de la vida de los puertorriqueños.


Según una publicación del World Bank Group, entidad que mide la variable “Efectividad del Gobierno”, la presente administración de Puerto Rico tuvo una baja estrepitosa en eficiencia gubernamental. Esta variable se había mantenido estable bajo todas las administraciones de este nuevo milenio, por lo que la caída en el año 2017 fue notable y pronunciada. El País tiene claro que esa mala percepción acerca del gobierno central en Puerto Rico está vinculada a la respuesta gubernamental de Ricardo Rosselló a los huracanes Irma y María, lo cual ha igualado o superado la pobre gestión de Wanda Vázquez, reflejado en su incapacidad para trabajar con la devastación de los temblores y la crisis de la pandemia. Sobre este último tema, según datos más recientes del Departamento de Salud y otros organismos, la tasa de contagios se ha acelerado drásticamente porque la gobernadora precipitó el proceso de apertura, pese a que múltiples expertos y su propio grupo asesor médico le dijeron que debía seguir la metodología científica y no las directrices de sus donantes de campaña.


En menos de cuatro meses, el País estará convocado para elegir las personas que se encargarán de gobernar y establecer la política pública para la próxima década. Ya perdimos cuatro años de posibles avances en eficiencia gubernamental, transparencia y cultura democrática por ceder el espacio a personas que no entienden ni creen en la transparencia y la honestidad en el servicio público.


Los ciudadanos tienen que asumir su responsabilidad y analizar cuáles son los candidatos más capaces para llevar nuestro País a puerto seguro. Debemos elegir aquellos que sean honestos, con experiencia en el sector público y privado, y tengan un fuerte compromiso con los valores democráticos y el bienestar de todos los puertorriqueños, por encima de ambiciones personales financiadas con los haberes públicos que pertenecen a las presentes y futuras generaciones de puertorriqueños.

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