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  • Editorial Semana

Una mujer llamada Ester


Por: Lilliam Maldonado Cordero


En ocasión del movimiento de concienciación para eliminar la violencia contra las mujeres, que lamentablemente se observa solo durante quince días del año, entre finales de noviembre hasta los primeros días de diciembre, me viene a la memoria el relato de la reina judía Ester, uno de los libros de la Biblia.


Ester es el único libro bíblico en el que no se encuentra una referencia literal de Dios. Su contenido tampoco es citado en ningún otro dentro del Gran Libro. En él no existen oraciones ni plegarias. Es el único libro que no está incluido en los Escritos de Qumran o Rollos del Mar Muerto. A pesar de estas singularidades, fue incluido en la Biblia. Su confiabilidad y espacio meritorio en el canon bíblico parece ratificarse gracias a que los eventos registrados son observados en el Festival de Purim, cuando el libro entero se lee en las sinagogas para celebrar la intervención de Dios en la salvación del pueblo judío de la destrucción, llenando un vacío en la historia judía ocurrida cuando estos fueron dispersados después de su cautiverio en Babilonia.


Un brevísimo relato de Ester nos refiere a la Persia bajo el emperador Asuero. Su reina, Vasti, se negó a ceder a las peticiones del rey, acto que la colocaría entonces como una de las primeras feministas que creían que complacer todos los antojos del marido no eran una obligación. Para la época -y todavía para estas fechas- dicho acto era meritorio del rechazo del esposo, que en respuesta convocó un certamen en el que escogería una nueva reina. Ester, que era una judía subordinada en Persia, no podía aspirar a ser reina, pero su sabiduría y fe la llevaron a ser favorecida, lo que también la convierte en otra feminista citada en la Biblia.


En resumen, Ester, siendo mujer, huérfana y esclava, usó su ingenio para salvar a su pueblo del exterminio, gestado por un jefe manipulador del reino de Asuero, gracias a ser coronada reina de Persia. Su creatividad y actuaciones valerosas -para esa época y aún hoy día- surgen como inspiración de lucha, perseverancia y fe capaces de cambiar el rumbo de una historia sin siquiera mencionar a Dios, solo testimoniándolo.


En un mundo predominantemente machista, en el que la violencia contra las mujeres se manifiesta por la vía de privarlas de equidad para recibir el mismo sueldo por igual trabajo que sus compañeros, más dificultades para obtener acceso a puestos de mayor jerarquía que los hombres, o tratamientos médicos abarcadores y seguros para ellas, es pertinente referirnos a Ester, un personaje heroico incluido en la Biblia, el libro al que muchos y muchas prefieren usar como catálogo de restricciones en contra de los derechos de las mujeres que tanto podemos aportar, incluso, en la construcción de un mejor entorno social. Como en el relato de Ester, las mujeres podemos lograr la redimensión de nuestros pueblos, como lo protagonizaron tantas otras figuras, entre ellas las hermanas dominicanas Mirabal, que fueron asesinadas por orden de un dictador sanguinario, pero cuya muerte despuntó un renacer político en su país y un despertar en la conciencia colectiva de que la violencia contra las mujeres constituye el más cruento ensañamiento contra todas las sociedades y toda la especie humana.


Desde la conciencia religiosa o secular, la academia y el Gobierno, eduquemos y concienciemos para eliminar toda violencia contra las mujeres.

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