Dra. Sorivette Surillo Ortiz: médica de familia y aliada de su comunidad en Yabucoa


Por Elia Jannette Rivera Melecio
Especial para La Semana
Hay médicos que tratan enfermedades y hay médicos que, además, buscan comprender a la persona que hay detrás de ellas. La doctora Sorivette Surillo Ortiz, natural de Yabucoa, pertenece a esta segunda categoría.
Su trayectoria comenzó con estudios en biotecnología industrial en Mayagüez, pues inicialmente vislumbraba un futuro en la industria farmacéutica. Sin embargo, descubrió que necesitaba cercanía con las personas.
“Yo quería tener más contacto con la gente”, recuerda.
Ese cambio la encaminó hacia la medicina. Tras graduarse de San Juan Bautista, en Caguas, trabajó en centros de salud, auditorías médicas y visitas a hogares, experiencias que ampliaron su comprensión del sistema de salud y de las realidades de sus pacientes.
Posteriormente, se trasladó a Chicago, donde completó una residencia de tres años en Medicina de Familia en Cook County. Allí atendió poblaciones latinas y negras, muchas de ellas históricamente desatendidas, experiencia que considera invaluable.
Pero el frío de Chicago no logró competir con el llamado de su tierra.
En 2020, en medio de la incertidumbre provocada por la pandemia, decidió regresar a Puerto Rico.
“Aquí está mi gente, está mi familia”, expresa.
Después de varios años ofreciendo servicios en la Isla, dio otro paso en su desarrollo profesional: establecer su propio espacio de consulta en su pueblo natal. Hoy, desde su oficina en el Edificio Arturo Torres, calle Muñoz Rivera #33, junto a Casa Dorada, apuesta por una medicina que entiende que la atención médica no siempre comienza con una receta; a veces comienza con una conversación.
“El paciente es un mundo enorme y no podemos asumir a la hora de diagnosticar y mucho menos tratar”.
Una vocación de servicio
Su interés por conocer las historias de sus pacientes definió su vocación, una visión que su experiencia en Chicago reforzó al mostrarle que la salud trasciende lo clínico.
“Las condiciones económicas, el acceso al transporte, la educación y el entorno en que vive una persona también pueden determinar su capacidad para cuidar de sí misma”, sostiene.
Para Surillo Ortiz, la medicina de familia representa precisamente esa mirada integral. No se trata de atender “de todo un poco”, sino de acompañar al paciente durante distintas etapas de su vida.
“El médico de familia es la especialidad que está entrenada para poder brindar cuidado específico en cada etapa de la vida”.
La atención abarca desde el cuidado prenatal, neonatal e infantil hasta la adolescencia, adultez y edad geriátrica. Esa continuidad permite conocer el historial del paciente, identificar cambios y detectar condiciones antes de que se conviertan en problemas mayores.
Barreras en la salud
En Puerto Rico, algunos pacientes enfrentan dificultades para conseguir transportación, pagar un copago, comprar medicamentos o comprender por qué necesitan atender determinada condición.
“El acceso a la salud es un privilegio en Puerto Rico. Es una cosa que no debería ser”, afirma.
La educación es, para ella, otra herramienta fundamental, particularmente entre los adultos jóvenes yeEntre las condiciones que más le preocupan está la obesidad.
“La obesidad es un problema dietético... es una epidemia, no tan solo aquí, en el mundo”.
A su juicio, combatirla requiere educación y cambios de hábitos ante una sociedad cada vez más sedentaria.
Escuchar también es medicina
Una consulta puede comenzar con un dolor, una presión elevada o una receta que necesita renovación. Sin embargo, detrás de esa razón inmediata puede existir una historia mucho más compleja.
“El paciente puede estar preocupado por su situación económica, ansioso, enfrentando dificultades familiares o lidiando con un problema que no se atreve a mencionar”, relata.
Por eso, insiste en la paciencia, la escucha y la ausencia de juicio.
“No se puede asumir. Un paciente joven puede tener enfermedades crónicas y un adulto mayor puede enfrentar condiciones que la sociedad suele asumir que no le corresponden”.
Por eso para Surillo Ortiz, escuchar es también una forma de prevención; conocer al paciente “permite identificar situaciones que no necesariamente aparecen en una prueba de laboratorio”.
De regreso a Yabucoa
Su nueva oficina representa mucho más que un proyecto profesional. Es su regreso a la comunidad donde creció y una oportunidad para ofrecer una atención cercana, preventiva y humana.
Esa filosofía se resume en una frase que utiliza con sus pacientes: “Estás mejor que antes”.
No significa que todos los problemas hayan desaparecido, explica, sino reconocer el progreso: controlar una condición, mejorar la alimentación, tomar correctamente un medicamento, vencer un miedo o simplemente comprender qué ocurre con el propio cuerpo.
“Cada pequeño avance cuenta”, asegura.
Quizás ahí reside la esencia de su práctica: recordar que la medicina no consiste únicamente en tratar enfermedades, sino también en acompañar a las personas y ayudarlas a vivir con mayor bienestar.




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