El ELA vuelve a lamesa con Pablo José
- Editorial Semana

- hace 18 horas
- 2 min de lectura

Durante años, Puerto Rico ha sido testigo de un forcejeo político que, lejos de acercarnos a una solución digna y democrática sobre nuestro futuro político, ha servido para profundizar divisiones y excluir a la mayoría social que aspira a una relación permanente con los Estados Unidos sin renunciar a su identidad ni aceptar la asimilación. En ese contexto, la presentación del nuevo proyecto de estatus radicado por el comisionado residente en Washington, Pablo José Hernández Rivera, representa un giro necesario, responsable y, sobre todo, respetuoso de la voluntad real del pueblo puertorriqueño.
Por años, el liderato del PNP, el PIP y ciertos congresistas alejados del pulso cotidiano de los puertorriqueños han impulsado propuestas que, aunque presentadas como ejercicios de autodeterminación, han tenido el efecto práctico de limitar las opciones disponibles y de imponer visiones que no reflejan el sentir mayoritario del país. Desde plebiscitos diseñados para excluir al Estado Libre Asociado hasta proyectos congresionales que pretendían forzar una decisión binaria entre estadidad o independencia, el resultado ha sido el mismo: un proceso viciado que niega la complejidad histórica, cultural y política de Puerto Rico.
Mientras tanto, la mayoría de los puertorriqueños ha reiterado una y otra vez su deseo de mantener una relación estable, permanente y mutuamente beneficiosa con los Estados Unidos, sin que ello implique la renuncia a nuestra identidad nacional ni la aceptación de un modelo de asimilación cultural. Esa mayoría también ha rechazado consistentemente las propuestas de independencia promovidas por un sector minoritario que, aunque legítimo en su aspiración, no representa el consenso del país.
El proyecto presentado por el comisionado residente reconoce esa realidad. Al incluir el Estado Libre Asociado como una fórmula válida dentro del proceso de autodeterminación, la medida rompe con la tendencia excluyente que ha dominado el debate en Washington bajo la batuta de cabilderos estadistas e independentistas y devuelve al pueblo puertorriqueño la capacidad de expresarse sin imposiciones. No se trata de un retroceso, como algunos han querido plantear, sino de un acto de madurez democrática: permitir que todas las alternativas con apoyo significativo en la Isla estén sobre la mesa.
Además, la propuesta reconoce que cualquier solución duradera debe surgir del respeto mutuo entre Puerto Rico y los Estados Unidos. No puede imponerse desde un partido, desde un grupo ideológico ni desde un puñado de congresistas que desconocen la realidad social del país. La autodeterminación no es auténtica si excluye a la mayoría; tampoco lo es si pretende borrar la historia política que ha definido nuestra relación con Estados Unidos durante más de un siglo.
El proyecto del comisionado residente no busca forzar una fórmula de estatus. Abre la puerta a un proceso justo, más amplio y representativo. En un momento en que el país exige ser escuchado sin distorsiones, esta medida constituye un paso firme hacia un diálogo honesto y democrático. Es tiempo de que se reconozca que las soluciones a los problemas de Puerto Rico están en las manos de todos los puertorriqueños. Eso es lo que, con respeto por la diversidad ideológica y con responsabilidad patriótica, afirma Pablo José con su proyecto.
El autor es representante por Caguas
en la Cámara de Representantes




Comentarios