Opening Day: lo que nos une.
- Editorial Semana

- 2 abr
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Por Rafael Juarbe Pagán
Recientemente comenzó la nueva temporada de Grandes Ligas. El Opening Day volvió a convocarnos, como lo hace siempre, desde distintos espacios, pero con una emoción compartida.
No fue simplemente el inicio del calendario. Fue ese momento en el que muchos, desde Puerto Rico y desde dondequiera que estemos, nos encontramos pendientes. Revisando alineaciones, siguiendo jugadas, entrando una y otra vez a las páginas de MLB para ver cómo lucieron los nuestros. Como si cada turno al bate, cada lanzamiento, nos perteneciera.
Y es que venimos por coincidencia del propio opening day de alcanzar el sexto lugar en el ranking mundial de béisbol. Puede parecer un dato más, pero no lo es. Nuestra mejor posición. Es reflejo de una historia sostenida, de generaciones que han convertido este deporte en lenguaje común, en disciplina, en expresión de identidad.
En el pasado Clásico Mundial, sin necesidad de entrar en explicaciones, el equipo de Puerto Rico lució inmenso. Hubo en ese desempeño una grandeza que no depende únicamente del resultado final, sino de la forma. De la entrega. De esa capacidad de competir con dignidad y carácter frente a cualquier escenario.
Por eso, cuando comienza la temporada, algo se activa. No importa el uniforme que lleven nuestros peloteros ni las circunstancias que los rodeen. Cada uno representa una parte de este archipiélago que los formó, que los vio dar sus primeros pasos, que les enseñó a jugar con pasión y con respeto.
Ser puertorriqueño no es un ejercicio de comparación. No se trata de proclamarnos por encima de nadie. Se trata, más bien, de reconocernos. De valorar el lugar que nos dio lo que somos. De entender que nuestra presencia en el mundo no necesita imponerse, pero sí afirmarse.
El béisbol nos ofrece ese espacio con una claridad particular. Nos recuerda que este archipiélago, pequeño en extensión pero amplio en espíritu, ha sabido dejar huella en los escenarios más exigentes. Y que cada vez que uno de los nuestros entra al terreno, no lo hace solo.
Durante estos días, mientras repasamos estadísticas, celebramos jugadas y seguimos cada actuación, reafirmamos algo sencillo pero profundo: que estamos. Que participamos. Que existimos.
Y en ese reconocimiento, sereno, firme, compartido, también hay orgullo. Superado cuál fue el roster final de nuestro equipo nacional en el mundial, el actual es apoyar a quienes lleven nuestra historia en el uniforme que vistan y posean dentro de sí nuestra identidad caribeña y puertorriqueña. Que suene la borinqueña en cada aparición donde estemos junto a los nuestros deseando su mejor desempeño. Ese siempre será mi equipo.




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