Primeros síntomas de Alzheimer y demencia que no debes olvidar


Redacción EDITORIAL SEMANA
Todos olvidamos cosas a veces, pero ciertos cambios en la memoria y el pensamiento merecen atención.
El Alzheimer continúa siendo una de las enfermedades que más preocupación genera entre pacientes y familias. Aunque muchas personas asocian su aparición con los primeros fallos de memoria, la ciencia sabe hoy que el proceso empieza mucho antes, incluso décadas antes de que aparezcan los síntomas.
Según la Asociación de Alzheimer, existen varias señales de alerta de la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. Estas pueden incluir olvidar información aprendida recientemente, hacer las mismas preguntas repetidamente o depender más de recordatorios y otras personas para las tareas cotidianas.
Otras señales incluyen: dificultad para planificar o resolver problemas, completar actividades habituales o recordar fechas, estaciones y lugares. Los cambios en la visión y la percepción espacial también pueden ser señales de alerta. Algunas personas pueden tener dificultad para seguir conversaciones, encontrar palabras conocidas o nombrar objetos cotidianos.
También pueden incluir extraviar pertenencias y no poder recordar dónde se pasó, aislarse socialmente y cambios en el estado de ánimo o la personalidad. Algunos cambios en la memoria son comunes con el envejecimiento. Por ejemplo, olvidar un nombre ocasionalmente y recordarlo después puede ser normal.
Si notas estos cambios en ti mismo o en otra persona, los expertos recomiendan consultar con un médico para determinar si es necesario realizar una evaluación más exhaustiva. Reconocer los síntomas a tiempo puede ayudar a las personas a explorar opciones de tratamiento y a mantener su independencia durante más tiempo.
El médico Emilio Ayats explica en una entrevista con AS que “la enfermedad de Alzheimer es un proceso neurodegenerativo progresivo caracterizado por la acumulación cerebral de beta-amiloide y proteína tau, junto con neuroinflamación y alteraciones vasculares, metabólicas y sinápticas que conducen a la pérdida neuronal”. Es decir, los cambios en el cerebro comienzan de forma silenciosa mientras la persona sigue haciendo una vida aparentemente normal.
Uno de los avances más importantes de los últimos años tiene que ver con la detección temprana. Según el especialista, “mediante biomarcadores en sangre, líquido cefalorraquídeo y técnicas de neuroimagen ya es posible detectar cambios biológicos hasta 15-20 años antes de que se manifieste el deterioro cognitivo”. Esto permite identificar a personas con riesgo elevado cuando todavía no han aparecido los problemas de memoria o razonamiento.
A pesar de ello, el experto recuerda que “actualmente no existe una cura definitiva”. Sin embargo, subraya que el diagnóstico precoz sí puede marcar diferencias importantes. “Permite intervenir cuando el daño cerebral es menor, utilizando tratamientos sintomáticos y, en pacientes seleccionados en fases iniciales, terapias capaces de ralentizar moderadamente la progresión”, señala.
Más allá de los tratamientos médicos, Ayats destaca el papel de los hábitos de vida. “El control de los factores de riesgo vascular, el ejercicio físico, la estimulación cognitiva y el cuidado del sueño, la audición y la alimentación también pueden ayudar a preservar la función cerebral”. Son medidas que, según la evidencia científica actual, contribuyen a mantener el cerebro activo y saludable durante más tiempo.
Por último, el neurólogo insiste en que el abordaje de esta enfermedad debe ir mucho más allá del paciente. “Su manejo debe ser multidisciplinar e incluir apoyo, formación y planificación asistencial para el paciente y su familia”. Una realidad que pone de manifiesto que el alzhéimer afecta a todo el entorno y requiere acompañamiento desde las primeras fases.




Comentarios