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Sin documentos no hay vivienda: la barrera que nadie quiere ver en Puerto Rico

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • hace 11 horas
  • 2 min de lectura

Por Jessica Colón Nieves 


En Puerto Rico, no tener hogar no siempre comienza con la pérdida de un techo. A veces comienza con algo tan simple y tan determinante como no tener un documento. 


Para miles de personas sin hogar, la falta de una identificación, un certificado de nacimiento o evidencia de ingresos no es un detalle administrativo: es una sentencia de exclusión. Sin esos documentos, no hay acceso a programas de vivienda, ni a muchos servicios esenciales. Es un círculo vicioso que castiga precisamente a quienes menos recursos tienen para salir de él. 


Se nos ha enseñado a ver estos requisitos como necesarios para “organizar” los servicios. Pero en la práctica, funcionan como filtros que dejan fuera a las poblaciones más vulnerables. ¿Cómo se supone que una persona sin dirección fija, sin dinero y muchas veces sin apoyo familiar pueda cumplir con procesos diseñados para quienes sí tienen estabilidad? 


Las cifras lo confirman. En Puerto Rico, miles de personas viven sin hogar, muchas de ellas sin acceso a documentos básicos. A nivel federal, distintas agencias han reconocido que las cargas administrativas dificultan el acceso a ayudas, especialmente en poblaciones vulnerables. Sin documentos, las puertas simplemente no se abren.


Pero este problema va más allá de la burocracia. Desde la práctica del trabajo social clínico, vemos el impacto emocional de este sistema todos los días. La frustración de intentar y fallar. La desesperanza de sentirse invisible. El desgaste de tocar puertas que nunca se abren. No es solo falta de vivienda: es una experiencia constante de exclusión. 


Cuando las políticas públicas condicionan derechos básicos a requisitos que muchas personas no pueden cumplir, lo que se está haciendo es institucionalizar la desigualdad. No se trata de eliminar procesos, sino de repensarlos. De hacerlos más accesibles, más humanos, más alineados con la realidad de quienes más los necesitan. 


Porque la pregunta no debería ser por qué las personas sin hogar no cumplen con los requisitos. La pregunta es por qué seguimos diseñando sistemas que sabemos que las van a dejar fuera. 


Si realmente queremos atender el problema del sinhogarismo en Puerto Rico, tenemos que comenzar por eliminar las barreras que lo perpetúan. Y eso incluye reconocer que, mientras sin documentos no haya vivienda, la exclusión seguirá siendo parte del sistema.


 Jessica Colón Nieves es trabajadora social clínica y estudiante doctoral en Trabajo Social Clínico en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. 

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