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Cambio psicopolítico de soberanía en Caguas (Parte II)

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 16 jul
  • 3 min de lectura
Por: Juan Illich Hernández
Por: Juan Illich Hernández

Sabiendo ya cómo las vicisitudes coloniales y postcoloniales norteamericanas sentaron sus bases socioeconómicas e identitarias a nivel cagüeño, plus general, la cuestión psicológica no resultó del todo triunfalista. Aunque después de la guerra hispanoamericana desplegada en el 1898 declarara el inicio de un nuevo oleaje social, político, económico, identitario, lingüístico, cultural y psicológico, persistieron sobre el imaginario puertorriqueño aires de liberación. Tanto es así, que manteniéndose firme la ambivalente e interminable problemática de la militarización aún se decretó la finalización de las riñas entre Estados Unidos versus España bajo el Tratado de París en ese mismo año. Sin embargo, los métodos represivos de control social, técnicamente retransformados culminaron siendo intactos. Dichos diseños bien logrados estuvieron sofisticándose e inclusive calibrándose mediante la infame Ley Foraker en el 1900 y más tarde la Ley Jones durante el 1917.      


La particular diferenciación de la Ley Foraker vs Ley Jones descansa en la transición socioeconómica y política, tanto para el núcleo municipal cagüeño como a nivel Isla. Prácticamente esos efectos corresponden a las modificaciones del Consejo Ejecutivo y Administrativo civil, pero con la otorgación del visto bueno del régimen colonial norteamericano. Tales señalamientos, al final de cuentas hicieron a su antojo múltiples sinvergüenzuras como la de preservar un gabinete político básicamente militarizado el cual podía recrudecer las medidas del alza de impuestos. Tristemente para ese entonces, el gobernador designado que era Charles H. Allen intentó rehacer un plan de distribución de distritos electorales al que Caguas se circunscribía al de Guayama, hecho que para el 1900 andaba apoyando según nos señala el historiador Oscar Bunker (1981) a la rama republicana representada por el padre de Luis Muñoz Marín, (Luis Muñoz Rivera).


A raíz de los distintos sucesos que confrontó Muñoz Rivera y el partido republicano, el pensamiento hacia los norteamericanos desde nuestro punto de vista no solo se cristalizó, sino que también cobró otra especie de percepción psicopolítica. De ahí el porqué de la deserción de los militantes José de Diego y Don Manuel de Camuñas, cosa que deja entrever con mayor vehemencia que lo inexorable es la lucha por lo autóctono. Quiérase decir, que a medida que iban apretando los aranceles como del tabaco, caña, café y otros recursos para el desarrollismo urbano, justamente como pasó en Caguas, mayores reivindicaciones contestarias acontecerán. Y este es el peculiar escenario que abrió camino para que el cuerpo sociopolítico colonial innovara la perversa Ley Jones en ese vibrante año del 1917. De hecho, al reorganizar y subdividir nuestro sistema gubernamental se incorpora como aparente incentivo contributivo el otorgarnos la ciudadanía norteamericana. Lo que en sí no se difunde informativa y reflexivamente, es que el alto costo de esa potestad ha de ser la aceptación de las leyes de cabotaje, reclutamiento para el servicio militar obligatorio, hablar inglés, entre otros elementos de corte psicopolíticos ya que impiden el pleno comercio con cualquier país que no sean los Estados Unidos.  


En resumen, el fenómeno colonial que trajo consigo la invasión norteamericana a Caguas y Puerto Rico ha sido uno totalmente turbulento, dado que, así como coexisten percepciones pro USA a su vez hay resistencias que repulsan todo el atropello vivido en estos pasados 128 años de coloniaje. Es por ello, que es sumamente importante el ubicarnos sociohistóricamente para revaluar en que momento transicional se suscitaron las notorias insurrecciones y respuestas contestatarias ante el supuesto establecimiento del “American Dream”… Continuará 

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