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Decisiones que destruyen vidas

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

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Por: Lilliam Maldonado Cordero


Inicia otro ciclo de fiestas que arrancan con la celebración del Día de Acción de Gracias, cuando las familias y amigos nos reunimos a partir y compartir el pan. Muchos ya tienen listas las decoraciones navideñas y se dispara el frenesí de las compras y los encuentros. Con estos, el consumo de alcohol aumenta junto con sus consecuencias más inmediatas: las desinhibiciones, los excesos, las discusiones que pueden desencadenar en violencia intrafamiliar, y los accidentes de todo tipo, como los automovilísticos.


El ejemplo más reciente de esto es el fallecimiento de una madre con su bebé de dos meses a causa de las heridas recibidas por un accidente de auto en el que un conductor invadió su carril, embistiendo su carro. El padre del niño recibió heridas que requirieron atención médico hospitalaria. El conductor, un joven de escasos 24 años, según se ha informado, arrojó un .10 por ciento de alcohol en la prueba de sangre. El límite permitido en Puerto Rico para conducir es .08. En diciembre de 2024, otra familia se vistió de luto cuando dos jóvenes perdieron la vida en un accidente fatal ocurrido en Añasco provocado por un conductor borracho. En noviembre de 2021, Justin Santos, hermano de un reconocido artista de música urbana, murió como resultado de las heridas recibidas por un accidente ocasionado por una mujer que manejaba en estado de embriaguez. Un amigo de Justin que lo acompañaba resultó gravemente herido. Existen innumerables ejemplos como estos, al igual que de personas que viven las consecuencias de amputaciones o discapacidades provocadas por personas manejando intoxicadas.


Cada año, son miles las colisiones causadas por el consumo de bebidas embriagantes y cientos las muertes y los daños físicos ocasionados a inocentes que transitan por las vías con la expectativa de llegar sanos a sus hogares o lugares de trabajo.


Según datos de la Policía, la mayoría de los choques de tránsito reportados son entre jóvenes de 20 a 29 años, seguidos por los de 30 a 39 y 40 a 49. De acuerdo con la Policía, los dos aspectos que provocan la mayor cantidad de accidentes son la velocidad y el manejar bajo efectos de bebidas embriagantes.


A pesar de que en Puerto Rico es legal manejar bajo los efectos del alcohol siempre que se mantenga este por ciento por debajo del .08%, lo cierto es que una persona que se encuentre con un .05% de alcohol en sangre está impedida de tomar decisiones correctas, su visión se afecta y sus reflejos merman significativamente. A esto hay que añadir que, en la eventualidad de un accidente provocado por una persona ebria, el lapso de tiempo entre el evento y la toma de la muestra de alcohol en sangre, esta se reduce significativamente, por lo que los por cientos registrados son menores que al momento de haber causado el choque. Es decir, muchas personas que manejan embriagadas se amparan en la aberración de que sus niveles de alcohol en sangre mermen desde el momento de un accidente hasta el de la toma de sangre, un cálculo irresponsable que demuestra desprecio por la vida de los demás.


Aunque el consumo de alcohol puede ser detrimental para la salud, no es ilegal. Esto se ha convertido en parte de las celebraciones y fiestas, pero hacerlo de forma irresponsable puede destruir la vida de otros y la suya. Si va a manejar, no consuma alcohol.

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