Día mundial delmedio ambiente
- Editorial Semana

- 4 jun
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Cada 5 de junio se celebra el Día mundial del medio ambiente, que reúne a varios países para disertar sobre el cambio climático y sus efectos, las medidas para mitigarlos y la reconstrucción de los sistemas económicos mundiales. Este año, el Día mundial del medio ambiente tendrá como país anfitrión oficial a la República de Azerbaiyán, Bakul.
Esta fecha fue establecida por las Naciones Unidas para educar y concienciar sobre la importancia de proteger y cuidar el entorno natural, como marco esencial para el bienestar y el sostenimiento humano, y el progreso económico global. Este 2026, la discusión irá más allá de la usual -y obligada- reducción de las emisiones de carbono que abonan al calentamiento global, con resultados potencialmente letales para las especies que convivimos en el planeta. Ahora, el enfoque será la reeducación sobre la transformación necesaria de los sistemas que sostienen nuestras economías y redimensionar nuestra relación con el clima. El fin es que los individuos, las empresas y las comunidades modifiquen su comprensión sobre el asunto, e implanten medidas y programas orientados a proteger nuestros recursos naturales.
Mientras esta discusión se desarrolla, continúan las protestas a nivel mundial contra los centros de datos -data centers- y granjas de servidores de Inteligencia Artificial que han ampliado sus operaciones en muchos países y varias jurisdicciones de Estados Unidos. Estos centros consumen agua y electricidad de forma desproporcionada, y ya se da cuenta de múltiples comunidades gravemente afectadas porque el agua potable no llega a sus residencias o negocios. Esto no solo priva a los ciudadanos de un recurso esencial; también existe el potencial recrudecimiento de las sequías, incendios forestales y el incremento de la contaminación en los lugares donde se establecen.
La gran demanda de energía de estos centros también impacta la red eléctrica o, más bien, a los consumidores de energía, pues el desarrollo de la IA solo provoca el encarecimiento de la electricidad y apagones en las comunidades cercanas. A esto, súmele los ruidos generados por los sistemas de enfriamiento -los mismos que consumen agua en cantidades exageradas- y la emisión de los generadores de emergencia que queman diésel y afectan el entorno.
Naturalmente, algunos tratan de justificar la implantación de estos centros porque alegan que generan actividad económica cuando, en realidad, el impacto directo por el desplazamiento de tareas y mano de obra humana incide en pocos empleos directos creados una vez construidos. Mientras, los gobiernos -en realidad, los contribuyentes, nosotros-, somos los que pagamos los subsidios y las exenciones de impuestos en el rango de millones de dólares que son otorgados a estos mogules tecnológicos.
Toda esta carrera detrás de la Inteligencia Artificial busca a ver quién le gana al otro en entronizar una tecnología que muchos cuestionan por su finalidad, particularmente quienes ayudaron a desarrollarla y ahora la objetan, por las repercusiones sobre el derecho a la intimidad, entre otras, al proveer información personal de quienes la utilizan para favorecer a esas empresas y los gobiernos.
El desarrollo económico de los pueblos y el respeto a los recursos naturales no tienen que estar confrontados, sino que deben operar de manera complementaria. Empeñémonos en educarnos y en concienciar a otros sobre aquellas decisiones que tendrán un efecto determinante en nuestro ambiente. Pensemos en las consecuencias que tendrán en la calidad de nuestras vidas y de las futuras generaciones. Actuemos responsablemente y exijamos el mismo compromiso a los demás.




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