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El desmantelamientode la UPR.

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    Editorial Semana
  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura
Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda
Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda

“El poder quiere un mundo de gente dócil y mediocre; el poder detesta a los rebeldes y a los genios, pero mucho más detesta a los genios rebeldes” (Ernesto “Che” Guevara)


Como hemos señalado en columnas anteriores, existen fundamentalmente dos estilos de gobiernos contemporáneos: (1) los que gobiernan para beneficio y fortalecimiento del capitalismo corrupto y depredador de nuestros tiempos y (2) los que gobiernan para el bien común y el desarrollo humano. De ahí los choques ideológicos entre los gobiernos conservadores, ultraconservadores o ultraderechistas y los gobiernos socialdemócratas. Mientras los primeros se caracterizan por sus estilos intransigentes, autoritarios, intolerantes, fascistas y militaristas, los segundos se distinguen por sus estilos diplomáticos y fuertemente comprometidos con la justicia social, la equidad, la dignidad y los derechos humanos. Es decir, existen los gobiernos cuya preferencia es colocar a los pueblos al servicio del gran capital internacional versus los gobiernos que colocan al gran capital al servicio de los pueblos. ¡Cualquier semejanza con el gobierno de Donald Trump y sus lacayos del patio es pura coincidencia!  


Los datos históricos nos indican que, a través de los tiempos los gobiernos ultraconservadores han preferido mantener a los pueblos intelectualmente rezagados a manera de ejercer mayor control hegemónico sobre sus respectivos pueblos. Conviene destacar que, durante la década de 1840, el “Padre de la Educación Pública en Estados Unidos, Horace Mann, recibió una fuerte oposición de los republicanos de entonces por entender que se trataba de un “gasto” muy oneroso para los gobiernos de turno.  Desde entonces, los republicanos han percibido la educación pública, tanto primaria, secundaria como universitaria, no como una inversión social, sino como  un gasto oneroso que debe ser responsabilidad de las familias y la ciudadanía en general. 


Por consiguiente, no es de extrañar el rechazo y resentimiento histórico de los republicanos del patio contra la educación pública, particularmente contra la Universidad de Puerto Rico. Desde sus orígenes en 1903, la UPR no solamente ha cargado sobre sus hombros el desarrollo socioeconómico de nuestro país puertorriqueño, sino que ha forjado las mentes más brillantes, liberales e influyentes de nuestra sociedad entre los que se destacan humanistas, escritores, académicos, filósofos, médicos, científicos, ingenieros, investigadores, planificadores, economistas, artistas, músicos, atletas y, sume usted. 


De modo que, los gobiernos anexionistas y colonialistas de ultraderecha que han gobernado a nuestro país por los pasados 75 años siempre han sentido repulsión contra todos aquellos y aquellas que, dotados de extraordinarias capacidades de pensamiento crítico y compromiso social derivado de la UPR, osen contradecir sus posturas coloniales, sus políticas públicas y sus vergonzosos esquemas de corrupción prevaleciente en las altas esferas del gobierno colonial.  De ahí su sed de venganza contra todo lo que significa la Universidad de Puerto Rico para la preservación de nuestra identidad como pueblo antillano, caribeño e hispanohablante.   


De ahí las emblemáticas expresiones del legendario revolucionario argentino, Ernesto ‘Che’ Guevara: “El Poder quiere un mundo de gente dócil y mediocre, el poder detesta a los genios rebeldes. 

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