El rescate del CentroCriollo Urbano (parte II)
- Editorial Semana

- 5 feb
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Por: Juan Illich Hernández
Al ya ir comprendiendo la pertinencia y valiosísima joya que contienen no solo las bellas arquitecturas como puentes e inclusive edificios, exploramos que el papel protagónico que tienen en correlación a los cascos urbanos es algo que ha sido infravalorado a lo largo de la historia/microhistoria. Tal es el caso del municipio de Caguas, puesto que el corazón de desarrollo social, cultural, político, económico y, sobre todo, identitario descansa en el centro de la ciudad. Aunque, ciertas opiniones públicas como científicas afirmen lo contrario, en lo que concierne a modernización o mejoras a las facilidades (aceras, plaza, edificios, etc.) apresuró la proactiva movilización de las masas hacia la ciudad.
Precisamente, el proyecto del Departamento de Planificación y a su vez de Desarrollo Económico criollo buscaba impulsar una forma no solo atractiva para impactar la atención de los urbanitas (personas que viven en la ciudad), sino también de los que están en las afueras. Es decir, que aquellos que se sitúen en los suburbios, campos u otras municipalidades pasaran por casco del pueblo. Sin embargo, hubo una notoria tensión entre el incremento de la alta actividad en el entorno urbano versus rural, hecho que ayudó a los grandes intereses financieros aprovecharse de ciertos puntos ciegos. Y este fue el peculiar escenario de la construcción del puente del Barrio Beatriz en el 1881, ubicado cerca de “La Casa de Camineros” (al lado del Rancho de los Trovadores).
Bajo el imparable dinamismo del urbanismo modernizador, tanto a nivel local como general, el pulpo socioeconómico continuó expandiendo sus tentáculos arteriales de comercio por todo Caguas hasta dar inicio al primerizo centro comercial en el mismo casco urbano durante el 1962. Se le conoció a este “Caguas Shopping Center” en la calle Gautier Benitez. Nuevamente el incorporar al órgano vital re-oxigenó los diversos conductos sanguíneos que estaban adormecidos, por lo que hace avivar y mantener estimulada las emociones del consumidor cagüeño ininterrumpidamente.
Muchísimo antes de que comenzara a empujarse la elaboración del centro comercial, tanto en el Paseo Gautier Benitez como alrededores del centro urbano y misma Plaza Palmer había negocios de procedencia norteamericana. Y qué mejor manera de ir ilustrando esos desarrollos multiculturales que mediante los edificios de venta de cigarros & azúcar, no solo en Savarona, sino también en la misma calle Gautier Benitez. Es importante mencionar, que la antigua y primera sede de la emblemática empresa “Cayey-Caguas Tobacco Company” (1907) estuvo instalada en la entrada de dicha calle, hoy “el shopping center baldío”.
Dentro del constante vaivén de transformaciones entre lo que solía ser versus lo que es actualmente el Centro Criollo pudo perfeccionarse su diseño urbano, gracias al efecto del desplazamiento. La presente arma del proyecto desarrollista es una perfecta forma, tanto violenta como sutil de exterminar socioeconómicamente hablando a los pequeños y medianos comerciantes. Evidentemente, esa destrucción masiva se refleja mediante la cruda ausencia de colmados (Don Lorenzo, Hallays, etc.), tiendas (La Elegante, Luxor, etc.), farmacias, zapateros, supermercados, mueblerías, entre otros.
Queda claro, que el desaparecimiento del mercado de lo local no ha sido por pura intencionalidad competitiva, más bien es debido al colapso económico y reajuste del mercado. Así que, el desvanecimiento de icónicas tiendas como se efectuó en el casco urbano, en el caso de Woolworth o Sears fue uno más allá de lo que la razón sociocultural pudiese esclarecer.
Por tal motivo, es que el sistema gubernamental y municipal llegan al acuerdo de las compras de terrenos bajo alianzas (público- privadas) para “proteger” el corazon criollo… (continuará)




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