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El tabaco como motor socioeconómico (Conclusión)

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 25 jun
  • 3 min de lectura
Por: Juan Illich Hernández
Por: Juan Illich Hernández

Entretejiendo cada uno de los datos, hechos y fenómenos sociales por los que no solamente ha pasado el pueblo cagüeño, sino también Puerto Rico, reafirmamos que la espina dorsal a nivel económico residía en la economía agrícola. Lo particular del presente señalamiento, es que en los interines de finales de siglo XVIII y principios del XIX expone el historiador Juan David Hernández (2008): “que por virtud de la Constitución de Cádiz del 1812 se le otorga el título de municipio a Caguas mediante las primeras elecciones que fueron llevadas a cabo democráticamente bajo el triunfo del candidato Don Sebastián Ximénez”. Cabe mencionar, que gracias a esas primerizas elecciones se anhelaba categorizar al pueblo cagüeño como una villa, pero dicha enmienda terminó siendo denegada. Tales efectos, más bien se suscitaron, porque el cuerpo sociopolítico y gubernamental no tenía los suficientes terrenos fértiles para el desarrollo urbano. 


Dentro de la exploración de archivos recabados, hallamos que, Zaida Buitrago en su serie “Los Municipios de Puerto Rico” de 1965 para el Departamento de Instrucción Pública, subraya en su libro para Caguas que: “La familia Delgado hizo una proposición al ofrecer gratuita concesión de 100 cuerdas de tierras llanas altas, “en lugar donde no suben las aguas del temido Río Cagüitas” (p.29). Si analizamos a cabalidad esa oferta, resultó más que razonable, no solamente por ser mayor el terreno ofrecido, sino por estar los terrenos seleccionados a la mejor geolocalización en la parte llana. Y esto es debido a que dentro del trazo recto del camino de herradura coexiste de San Juan a Ponce un enorme, plus productivo espacio para la siembra. De ahí el porqué más tarde toda esa área otorgada fuese tornada en plantaciones de tabaco y azúcar.


Lo más problemático y enigmático de ese donativo, es que, si seguimos la huella detectivesca de esas cuerdas, se muestran los datos, que los terrenos otorgados no eran del todo de la familia Delgado, por lo que no podía cederse la totalidad de las cuerdas al municipio. Manteniendo el hilo conductor de pensamiento, desmiente Buitrago diciendo que (1965): “La cantidad original fue de 81 cuerdas, pero no fue hasta el 1819 que se llevó a cabo la transacción legal”. Más allá de toda riña, lo central de esas tensiones, es que, si Caguas no hubiese pasado por los tumultos topográficos y geopolíticos, jamás hubiera sido lo que es hoy como punto estratégico a nivel sociocultural. Debo mencionar, que, mediante el caldeo de ceder versus no ceder tierras bajo la época de efervescencia de levantamientos obreros es que el pueblo criollo adquiere su semblante representativo de potencia económica ya que, aparte de ser uno de los ejes claves en la producción de caña de azúcar a su vez lo fue con el tabaco. 


Evidentemente, el detractor o mayor obstaculizador de ese imparable motor socioeconómico de ese entonces e inclusive hoy es la situación fiscalizadora. Tristemente, al no efectuarse una buena gobernanza, plus toma de decisiones a nivel estratégico se prosigue pagando el alto costo de la recesión económica y decrecimiento demográfico. Ante ello, la invasión colonial norteamericana repensó cómo reoxigenar agresiva e inminentemente el desarrollo local vía la modernización de todos los medios. 


Es en esa dirección, que a partir del 1900-1912 la fuerza que impulsaba la industria del tabaco y azúcar en Caguas estuvo trasladándose hacia proyectos de corte urbanísticos, justamente como la ingeniería eléctrica, civil y general. De ese modo, este municipio adquirió revitalizarse y fortalecerse hasta llegar a su estado actual. 

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