El tabaco como motor socioeconómico (Parte II)
- Editorial Semana

- 18 jun
- 3 min de lectura

Al ir uniendo cada una de las piezas del rompecabezas social e histórico que la propia microhistoria cagüeña contiene archivada, hallamos que, durante esa transición no solo colonial, sino también sociopolítica de finales de siglo XIX e inicios del XX, el desarrollo económico del tabaco en Ca-guas fortaleció a los avances infraestructurales (carreteras, diseños arquitectónicos, aceras, urba-nismo, etc.). Tanto es así, que nos señala el historiador Juan David Hernández (2008): “que la cali-dad de nuestra hoja de tabaco competía favorablemente con la de Cuba”. De ahí el porqué eviden-temente fertilizaron sobre terrenos agrícolas las emblemáticas compañías multinacionales de ese entonces, la Puerto Rico Leaf Tobacco Company, mejor conocida coloquialmente hablando como “La Colectiva”. Esta se situaba ulteriormente en lo que definimos y frecuentamos como el Palacio de Bellas Artes Angeló Berríos. Además, cabe mencionar, que también para ese momento histórico andaban otras microempresas como fue “La Caguas Cayey Tobacco Company” cuyo nombre transmutó a la “La Consolidated Cigar”, entre muchas otras.
Es en esa dirección cómo la economía, tanto a nivel micro como macrosocialmente comenzó a inyectar capital hacia otros campos. Es decir, que gracias al desarrollo robusto que impulsó el taba-co en lo que respecta al pueblo cagüeño, dicha municipalidad amplió sus territorios de dominio para la parte Oeste. Nos expone el historiador Juan David Hernández (2008): “que la ciudad desplegó su planificación hacia el Oeste a mediados de la década del 20 a partir de la confección de las Actas del cabildo un 19 de octubre de 1927”. Quiérase decir, que el verdadero espinazo que ayudó a ex-pandir, reforzar y maximizar ganancias bursátiles socioeconómicamente hablando ha sido la indus-tria tabacalera por encima de cualquier otra actividad cultural o agrícola.
Así que, para que pudiese hacerse todo ese ensanchamiento municipal, se necesitó no solo del visto bueno de la Asamblea Municipal, sino también, de todo el aparato gubernamental lo cual per-mitió el financiamiento del desarrollo urbano en general. Tales efectos, abrieron paso ultrarrápida-mente para el avance urbano de la región de Caguas. Esto mejor acogida no pudo tener, puesto que cayeron en conjunto del proyecto revitalizador para el casco urbano de las familias de Don Antonio Grillo & Don José Dávila según nos expone Hernández León (2008). Dicha propuesta la cual lo-gró hacerse valer, reunía una finca de nueve acres de terreno, precisamente esas cuerdas se exten-dían hasta los límites de la zona este cuyo entrecruce limítrofe llegaría hasta la calle Jiménez Sicardó y a su vez Caño de los Muertos al lado del cementerio número uno o coloquialmente conocido co-mo “el cementerio viejo”.
Queda claro, que gracias a las múltiples transformaciones sociales y económicas que estuvieron desplegándose en los interines del siglo XIX y XX por parte del desarrollo agrícola, pero, sobre todo de la industria tabacalera en Caguas, la población creció de forma exponencial. De ese peculiar modo es que el Valle del Turabo engrosó su ámbito no solamente demográfico, sino más bien, geo-gráfico. Y al ir adentrándonos hacia el presente punto histórico, manifiestan los archivos históricos cagüeños desempolvados por Hernández León (2008) que gran parte de la documentación de “La Junta de Planificación Urbana” ofrecida impide del todo tener plena visibilidad de las diversas ma-niobras para solicitar asistencia monetaria ante expansión e inclusive modernización del pueblo.
Es por ello, que resulta fundamental el insertarse a la historia económica del tabaco, para esclare-cer la definición del Centro Urbano Criollo o Cagüeño, hecho que básicamente se retroalimentó de las distintas luchas de clases… (Continuará)




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