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Instrumentosde paz

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 18 jun
  • 3 min de lectura
Por: Lilliam Maldonado Cordero
Por: Lilliam Maldonado Cordero

Para quienes nos entristeció la muerte del papa Francisco por el gran vacío que sabíamos dejaría la ausencia de su liderato religioso de profunda sensibilidad para con los pobres de la tierra, hoy sentimos un bálsamo al ver el ministerio apostólico del papa León XIV, quien ha dado continuidad al mandamiento culmen de Jesús: amarás al prójimo como a ti mismo. 


Durante su reciente viaje a España, el papa León continuó su denuncia sobre los peligros de la polarización, la importancia del respeto a la dignidad humana, la reconciliación y la paz. Estos principios los ha proclamado desde que inició su jornada pastoral. No ha sido tímido en enfrentar duramente las guerras y sus gestores, el odio, la xenofobia, la misoginia, el maltrato infantil, los genocidios y tantos males que nos consumen y dividen como sociedad. Lo ha hecho con su característica disposición calmada, sin alzar la voz ni proyectar una actitud arrogante, aún siendo el líder principal de la rama histórica original del cristianismo con el mayor número de seguidores. 


Por su verticalidad defendiendo los preceptos de Jesús, papa León ha sido atacado ferozmente por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien lo acusó de ser “débil ante la delincuencia” y “pésimo en política exterior”, en una lastimosa proyección de su propio fracaso como líder político responsable de establecer política pública conducente a mayor seguridad, y promover el respeto y la concordia en el plano internacional. Sabemos que hoy el mundo se siente más inseguro, más empobrecido, con mayor incertidumbre y más lejano de la paz.


En medio de esta escena internacional caótica, el papa León se alinea con lo predicado por Jesús, en un mundo que guarda un parecido asombroso con los tiempos cuando Cristo caminó la tierra. Pero, no subestimemos la potencia de su mensaje por ser apacible. Aunque impulsaba la paz, no era menos revolucionario, pues denunciaba la hipocresía de sus propios líderes religiosos que bailaban al son que les tocaban los políticos, y señalaba los abusos del imperio romano contra sus hermanos, víctimas inocentes del apetito voraz de Roma por subyugar a otros países para ampliar sus fronteras y aumentar riquezas. Tristemente, las cualidades del imperio romano de hace unos 2,000 años no eran muy diferentes a las que observamos en los protagonistas de la política mundial actual. 


Todos tenemos el importante deber de ser instrumentos de paz. Naturalmente, cada vez resulta más desafiante proyectar templanza en medio del huracán que vivimos: inseguridad, costos de la gasolina y energía disparados por el intervencionismo que creó un conflicto innecesario; el incremento en el costo de vida, los alimentos, salud y vivienda;  y la banalidad de quienes promueven las guerras para ufanarse públicamente al capitalizar personalmente ganancias y recursos, menoscabando el acceso que todos merecemos a una vida digna. Sobre esto, el evangelio de Mateo cita a Jesús sobre la dificultad de alcanzar la salvación para una persona apegada a lo material: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”. 


La búsqueda de la paz es el eje del mensaje del papa León, que urge a los líderes mundiales al desarme y optar por el diálogo, como se resuelven los conflictos, no con amenazas ni agresiones. En síntesis, la paz nos toca a todos, empezando por los privilegiados que recibieron del pueblo el poder para adelantarla.

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