La influencia psicosocial del espiritismo en Caguas (parte I).
- Editorial Semana

- 7 may
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Antes que todo, comienzo estos próximos escritos acerca del tópico “el espiritismo” el cual aún sigue siendo tabú o prohibitivo en estos tiempos de liberación social. Además, destaco, que muchas de las fuentes y alusiones de información abstraídas han sido colaboraciones por parte del fenecido historiador cagüeño Juan David Hernández León (padre) con este servidor las cuales lograrán hacer valer el intento de transmitir un canal de información sociohistórica.
Al hablar sobre el fenómeno espiritual, resulta fundamental deconstruir su velo o estigma social, ya que, desde pleno origen de la humanidad, se ha creído que es posible el entablar un diálogo con los espíritus e inclusive muertos. Tanto es así, que, si nos remontamos al medioevo o época clásico medieval, encontramos que se mantuvo una sólida aceptación y práctica sociocultural de que los espíritus regresaban al entorno de los vivos gracias a lo que conocemos como reencarnación. El impacto de ese entrelace creyente fue tan contundente y masivo que, justamente más tarde ese mito e imaginario se hizo pieza clave de la huella identitaria. Y qué mejor escenario para ilustrar detalladamente dichos trazos que a través de cuentos, leyendas, símbolos, fantasmas, entre otras particularidades semióticas que cobró fuerza la intercomunicación con el más allá.
Dentro de esas gestas científicas, acontece el giro kardeciano, que más tarde se convertiría en toda una corriente ético-religiosa. En el caso específico de la literatura, sobre todo, inglesa, se hace evidente “el eterno retorno” como diría Federico Nietzche (1872) del repetitivo encuentro que coexiste entre el mundo de los vivos versus el de los muertos. Tal es el característico caso de la obra de “Hamlet” (1623) de William Shakespare donde se refleja la reiterativa venganza del rey. Sin embargo, es importante resaltar, que histórica y sociológicamente, los aborígenes indígenas recurrían también a prácticas e incluso rituales de índoles sincréticas. Es decir, que se empataban más de dos o tres corrientes, sean filosóficas como religiosas.
Tomando como punta de lanza, lo antes expuesto, hallamos que trabajos etnográficos como los desarrollados por el español Fray Ramón Pané (2013) o Allan Kardec (1861) identifican cómo los indios expresaban de forma muy única sus dolores, frustraciones, predicciones, etc. mediante la icónica figura tipo media unidad/médium llamada “behíques, bohití, médico brujo y chamán”. A pesar de que cada uno de estos tenga en un correspondiente contexto un concepto preciso y conciso, en términos sociológicos y psicológicos su finalidad descansa en ventilar predicciones, invocar a los espíritus, tratar remedios curativos, ofrecer consejos y ciertos embrujos. Según Pané (2013), cuando alguien llegara a enfermarse, por lo usual lo atendía el behíque, que técnicamente fungía como médico de la comunidad, hecho que se ejerce en ciertas latitudes.
Queda nítidamente manifestado, que las diversas herramientas que se derivan de los curanderos antiguos o chamanes para muchos han ido modificándose con el paso del tiempo. La mejor representación de ello, claramente lo es la cuestión del despojo. Este hecho según Pané (2013) y los mismos españoles lo interpretaban como pura aberración u acto disparatado, dado que el mismo behíque tenía que empolvarse e igualmente el enfermo con cohoba para proceder al trance de la limpieza psicofisiológica. Eso sí, lo que realmente ofreció un giro significativo a toda esta sensible, oculta, controversial, pero fascinante narrativa histórica del espiritismo fue la introducción de los negros esclavos a Puerto Rico.
Por tal motivo, al criollo nuestro no tener los debidos recursos, le era viable y rentable el incurrir en manos de un curandero espiritual … (Continuará)




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