La transformación de la pobreza contemporánea (Conclusión)
- Editorial Semana

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Por: Juan Illich Hernández
En esta última fase, nos encontramos atando cabos acerca de los múltiples problemas sociales que confronta la condición humana, tanto a modo individual como colectivamente. Dicha situación ha ido cultivándose y deshaciéndose desde su constitución no solamente como homosapiens, sino también como seres evolutivos. Claramente, hoy se privilegia el éxito a través de lo que se filtra e inclusive enmarca en las plataformas virtuales. Como consecuencia del imparable fenómeno de la tecnocracia o gobierno de la cibernética, la cruda pobreza logra reinventarse por medio de la asistencia técnica. Y que mejor manera de ilustrar tales destellos que mediante la tan odiada por los académicos, pero favorecida por la cultura popular, IA (Inteligencia Artificial).
Desde los tiempos remotos, siempre las primerizas civilizaciones aquilataban y favorecían a quienes practicaban el uso de la razón. Uno de esos vivos ejemplos lo fue el poeta Horacio, el cual acuñó la célebre expresión “sapere aude” provenida del latín, que significa en español “atrévete a saber”. Quiérase decir, que, desde los tiempos remotos antes de cristo, el uso de la razón que bien se caracterizo por devolverle centralidad y protagonismo al ser humano, en pleno apogeo de la modernidad Occidental durante el ínterin de los siglos XIV y XV, nunca su ideal fue descartado, solamente amortiguado. De hecho, este tipo de planteamiento lo incorpora Immanuel Kant (1784) a la ética del deber filosófica, dado que, si no partimos del pensamiento autónomo o crítico, jamás seremos libres.
Al entrelazar el notorio vacío social que actualmente empuja el uso desmedido de las nuevas tecnologías, ciega y aísla la frágil situación socioeconómica que viven los seres sociales contemporáneos. Tanto es así, que las circunstancias que describían a la pobreza cambiaron hacia unos de insustancialidad y a su vez vagancia determinante. Esa zona de confort, precisamente la ofrecen las redes sociales, por lo que también fracturan las relaciones interpersonales, valores sociales y, sobre todo, comunicación efectiva. Esta problemática de carácter mundialista trae consigo la profunda podredumbre de recurrir al algoritmo y/o lógica formal del cálculo, predicción y medición que heredamos de la industrialización. De esta manera, es que se introduce la atrapante y seductiva práctica del delegar en el ordenador, tableta, celular, televisor Smart, inteligencia artificial, entre otros, el uso solucionador de la inmediatez cibernética.
Así que, el feroz, pero encantador semblante que adquiere el proyecto capitalista contemporáneo, en lugar de ser insuficiente, desprotegido y escaso, redefine su modo de trabajo gracias al exceso de información e inmediatez. Sin embargo, al efectuarse una transformación psicoemocional jamás vista en la historia, acontece más allá del genocidio, el silencioso homicidio doloso del pensamiento crítico. Muchos pensarían que es algo exagerado de mi parte el que haya asumido esta postura sobre lo que ha fomentado como verdadera pobreza el sistema neoliberal, pero la presente etapa aún hoy prosigue regenerándose.
Cada uno de los rasgos puntualizados y descritos representan a flor de piel la consciente intencionalidad que tiene impensada la sociedad contemporánea la cual entremezcla lo tecnológico versus lo económico- político con lo humano. Ante la lamentable transformación sociopolítica del modelo tecnológico y constante favorecimiento de la guerra, la orden del día proseguirá siendo no solamente la muerte, sino también destrucción del pensamiento emancipador, que es el poder pensar por nosotros mismos.
Por tanto, el ya no cuestionar a las cosas porque Google nos la da por ciertas, cancelamos automáticamente el instinto innato humano del sentido común, cualidad y hecho que recrea la verdadera pobreza contemporánea. Queda en nosotros el crear otras armas de concienciación.






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