Maratón Comercial
- Editorial Semana

- hace 15 horas
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Por: Nitza Morán Trinidad
Ha llegado esa época del año en que, desde que aparecen las primeras brujas en octubre, comienza el ya conocido maratón comercial. Un ciclo donde muchos puertorriqueños se convierten, casi sin notarlo, en víctimas del mercadeo intensivo que acompaña las celebraciones más esperadas.
Seguido del Día de Acción de Gracias una tradición que se remonta al banquete de tres días que compartieron los peregrinos y los pueblos indígenas para agradecer su supervivencia tras un duro invierno, hoy esta festividad se ha transformado en la antesala de una verdadera tormenta financiera. Un periodo que impulsa gastos excesivos y, en muchas ocasiones, no planificados, cuyas consecuencias recaen directamente sobre los hogares.
A esto se suman el llamado Viernes Negro, el ahora Miércoles Naranja, las majestuosas vitrinas, las decoraciones llamativas y las luces que convierten cualquier espacio en un escenario de alegría y espíritu festivo. Las fechas se suceden a gran velocidad: Halloween cede paso a Acción de Gracias; luego diciembre nos trae la Natividad del Niño Jesús; y, solo aquí en la isla, añadimos la tradición de los Tres Santos Reyes y las ya emblemáticas Fiestas de la Calle San Sebastián.
En medio de esta cadena de celebraciones, pareciera que se diluye la solemnidad histórica de muchos de estos días. Se olvida que detrás de tradiciones como la Navidad existen relatos tan profundos como el del soldado romano del siglo III que prefirió morir antes que renunciar a su fe cristiana.
Ante este panorama, es importante ejercer cautela y no dejarnos envolver por estrategias de mercadeo que promueven un consumo acelerado. Sí, este maratón crea un ecosistema financiero vital para los comerciantes, quienes enfrentan retos locales y globales: la presión inflacionaria, el cumplimiento regulatorio, la falta de infraestructura adecuada para hacer negocios en Puerto Rico y los aumentos en los costos de servicios básicos. Para muchos, estas festividades representan la oportunidad de asegurar la estabilidad económica para el resto del año.
Sin embargo, es necesario mantener una visión equilibrada. Los negocios harán lo que deban para incrementar sus ventas, pero también debemos orientar al consumidor hacia decisiones responsables. En la prisa por aprovechar descuentos, a menudo compramos por impulso y no por necesidad.
Por eso, esta temporada debe invitarnos a la reflexión: practicar un consumo consciente, aprovechar las ofertas con planificación, apoyar al comercio local, comparar precios y asegurarnos de que cada gasto represente una aportación al fisco sin comprometer la estabilidad financiera del hogar, donde ya muchos viven bajo presión económica.
Al final de las fiestas, lo que llena el corazón no es el regalo perfecto, sino la intención detrás de él. El mejor obsequio es vivir a plenitud, compartir en familia y recordar que la felicidad y la paz no se encuentran en una carrera maratónica, sino que se construyen día a día, con esfuerzo, propósito y dedicación durante todo el año.
La autora es senadora por San Juan, Aguas Buenas y Guaynabo






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