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Momento de presupuestos: emergencia permanente

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    Editorial Semana
  • hace 4 días
  • 2 min de lectura
Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

Puerto Rico se ha acostumbrado a vivir entre emergencias. Con frecuencia, estas son atendidas mediante órdenes ejecutivas, planes de contingencia de última hora o declaraciones de estado de emergencia ante diversas crisis. 


La llegada anual de la temporada de huracanes nos recuerda una realidad que hemos normalizado: reaccionar ante los problemas en lugar de anticiparlos. Lo preocupante no es la existencia de las crisis, pues toda sociedad enfrenta desafíos. Lo alarmante es que muchos ya no son eventos inesperados, sino problemas conocidos que van postergándose hasta alcanzar niveles críticos, tales como la fragilidad energética, la erosión costera y los retos de seguridad pública, para los cuales se han propuesto múltiples soluciones. Sin embargo, la respuesta suele llegar únicamente cuando el problema alcanza dimensiones imposibles de ignorar. Esta realidad cobra una importancia aún mayor cuando el gobierno central y los municipios presentan sus respectivos presupuestos. 


Más allá de los números y las partidas asignadas, el presupuesto representa la principal herramienta de planificación pública. Es ahí donde se demuestra si Puerto Rico y sus municipios están realmente preparados para enfrentar los desafíos presentes y futuros, o si simplemente continúan reservando recursos para reaccionar ante la próxima crisis. 


Las experiencias vividas durante las últimas emergencias nos obligan a reflexionar. Un presupuesto responsable debe atender las vulnerabilidades de los servicios esenciales, fortalecer la infraestructura crítica e invertir en resiliencia ante fenómenos atmosféricos cada vez más frecuentes e intensos. La improvisación ya nos ha demostrado sus consecuencias y no puede seguir siendo la estrategia predominante. 


Con demasiada frecuencia, los presupuestos se concentran en atender obligaciones operacionales inmediatas, mientras se rezaga la visión de largo plazo. Como resultado, Puerto Rico permanece atrapado en un ciclo donde los problemas se discuten ampliamente en los medios de comunicación, pero pocas veces se atienden desde una planificación estratégica capaz de evitar que las emergencias se conviertan en una condición permanente. 


La verdadera medida del éxito presupuestario no debe limitarse a balancear ingresos y gastos. También debe incluir la capacidad de anticipar riesgos, promover el desarrollo económico, fortalecer la infraestructura y reducir la vulnerabilidad de nuestras comunidades. Aunque estos objetivos suelen formar parte de los discursos oficiales, la realidad demuestra que muchas veces terminan limitados por presiones fiscales y prioridades inmediatas. Puerto Rico necesita recuperar la cultura de la planificación y de las estrategias de largo plazo. 


Los mensajes presupuestarios no deben verse únicamente como ejercicios constitucionales o fiscales, sino como hojas de ruta para el futuro que aspiramos construir. 


Gobernar implica mirar más allá del próximo año fiscal y comenzar a diseñar el Puerto Rico de la próxima década. Mientras continuemos asignando recursos para administrar las crisis del momento en lugar de prevenirlas, seguiremos operando bajo un estado de emergencia permanente. La verdadera responsabilidad no consiste únicamente en cuadrar un presupuesto, sino en utilizarlo como una herramienta para transformar realidades. Al final, lo que está en juego no es solamente el próximo año fiscal. Lo que realmente se define es el futuro de Puerto Rico.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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