Ni colonialismo ni imperialismo
- Editorial Semana

- 15 ene
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Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda
Para tranquilidad de los detractores y enemigos de la descolonización e independencia de Puerto Rico, debo dejar meridianamente establecido que, Nicolás Maduro, no representa el modelo de gobernante que aspiramos para un Puerto Rico libre y soberano bajo la plataforma socialdemócrata. Confieso, sin embargo, que ambos tenemos algo en común: somos, ante todo, anticolonialistas y antiimperialistas consuetudinarios.
Establecida nuestra postura ideológica, me remito a mi columna “Motivaciones ulteriores de Donald Trump contra Venezuela”, publicada en este mismo rotativo el jueves, 11 de diciembre de 2025. Sostenía entonces que la acusación de narcotraficante contra Nicolás Maduro era meramente un subterfugio para justificar la agresión contra el pueblo venezolano. Y, efectivamente, ni presto ni perezoso, a raíz de la invasión de Venezuela que culminó con el arresto y secuestro del presidente Maduro y su esposa, Cilia Flores (sábado, 3 de enero de 2025), Donald Trump, sin escrúpulo alguno, dejó meridianamente confirmado nuestro vaticinio a los efectos de que la verdadera motivación del destemplado presidente no era el supuesto vínculo de Maduro con el narcotráfico, sino colonizar a Venezuela y arrebatarle su lucrativa industria petrolera.
Y los datos no mienten. Como máximo exponente del fascismo imperial estadounidense, el tenebroso presidente Trump dijo mucho más durante su conferencia de prensa, y citamos: (1) Mandaremos en Venezuela hasta restablecer el orden y estabilidad gubernamental. (2) Atacaremos nuevamente de ser necesario. (3) Colocaremos en la presidencia de Venezuela a quien responda mejor a nuestros intereses nacionales. (4) Administraremos la industria del petróleo hasta rescatar nuestras inversiones y, (5) Impondremos la Doctrina Monroe (América para los americanos) para ratificar nuestra supremacía imperial.
Cabe recordar que, Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y, como tal, les corresponde a los venezolanos, y únicamente a los venezolanos, el derecho inalienable de gobernarse a sí mismos y administrar sus recursos naturales sin la intervención e injerencia de fuerzas extranjeras. De modo que, más allá de burdo historial de agresión de Estados Unidos contra la soberanía y el derecho internacional de los pueblos más vulnerables, el acto de agresión contra Venezuela representa inequívocamente el regreso a la infame época de conquistas coloniales contra los países indefensos. Todo ello, para beneficio exclusivo de los países militarmente más poderosos del planeta como son China, Rusia y el propio Estados Unidos.
Y, por supuesto, resulta deplorable y bochornoso la actitud de sumisión, servilismo y colonialismo incondicional manifestada por los apologistas del bipartidismo colonial conformado por anexionistas e inmovilistas del país. Estos aplaudieron la militarización de Puerto Rico como punta de lanza para las agresiones contra los países hermanos del Caribe y América Latina. Avergonzados de su humillante e irremediable condición de colonizados perniciosos, ahora pretenden cerrar filas con el implacable Donald Trump declarándose incondicionales del imperialismo depredador estadounidense. Éstos son los mismos que están dispuestos a servir de alfombra para que el emperador no se ensucie sus zapatos a cambio de lentejas y privilegios coloniales. Prefieren ser “rabo de León que boca de Ratón”




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