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Otro mesde la mujer.

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    Editorial Semana
  • hace 5 horas
  • 3 Min. de lectura
Por: Lilliam Maldonado Cordero
Por: Lilliam Maldonado Cordero

El pasado domingo se conmemoró, otra vez, el Día de la Mujer. Es cierto que algunas mujeres hemos “adelantado” en materia de derechos humanos, civiles y de acceso a mejores condiciones de trabajo, particularmente en el llamado mundo occidental. Pero, la reflexión debe ser, en primer lugar, por qué la equidad aún no es la norma. ¿Acaso no todos los seres humanos somos esencialmente iguales las unas a los otros? Al parecer, la respuesta es no. 


El Día de la mujer vio la luz hace más de un siglo, y ha ido evolucionando en la semana y, más adelante, el Mes de la Mujer. Se hacen celebraciones, fiestas, notitas, artes, anuncios, reconocimientos y resoluciones para distinguir a mujeres que, por su trayectoria personal y profesional, marcan la diferencia en sus entornos de trabajo, comunitarios y sociales. 


Sin embargo, seguimos leyendo, año tras año, las mismas portadas y titulares en la prensa: la brecha salarial entre hombres y mujeres continúa. Es cierto que hoy día hay más mujeres participando del mercado laboral en Puerto Rico, pero la distancia entre el salario que percibe un hombre y el de una mujer sigue amplia. Un informe de Equidad Salarial de Puerto Rico de 2023 planteó que, mientras los hombres reciben, en promedio, unos $23,537 al año, las mujeres cobran $19,456, es decir, $4,000 menos que sus compañeros de trabajo. Esto representa un 17 por ciento de diferencia salarial entre estas y aquellos. Otro dato importante de señalar es que las mujeres poseen mayor escolaridad y preparación académica que los hombres. Es decir, que la única razón para que una mujer cobre menos que un hombre es por ser mujer. 


A esto hay que sumarle que hay muchos más hogares en los que la jefatura la ostenta una madre, por lo que la inequidad salarial no solo tiene un impacto sobre la calidad de vida de esta, sino que afecta la de toda su familia. 


Lamentablemente, a pesar de que existe legislación dirigida a promover la equidad salarial, no existe fiscalización efectiva por parte del gobierno ni los patronos, comenzando por el Estado y sus municipios, para medir y comparar los sueldos que perciben las mujeres en contraste con los hombres haciendo el mismo trabajo. Con el fin de conocer estadísticamente estas inequidades, el Estado no puede depender de que las mujeres se querellen contra sus patronos por ganar menos que sus compañeros, porque el resultado de estas quejas podría acarrear represalias, incluso la terminación del empleo.


El Día de la Mujer y su evolución a la conmemoración del Mes de la Mujer debe servirnos, ya no tanto para reconocer los logros en materia de derechos y equidad logrados por las mujeres en la sociedad y el entorno del trabajo, sino como un recordatorio, cada marzo de cada año, de que ya ha pasado más de un siglo desde que inició esta efeméride sin que se haya rebasado y superado materialmente la inequidad en la justicia salarial que merecemos las mujeres, entre otros derechos que debemos gozar y disfrutar.


Tanto el gobierno como los empleadores deben dar una mirada más profunda a este asunto que, como hemos dicho, no solo afecta a las mujeres, sino que, como jefas de familia en su mayoría, tiene un impacto en sus hijos y hasta en los adultos mayores que muchas de ellas cuidan y dependen de ellas. 

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