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Deconstrucciones sobre el amor contemporáneo (Conc.)




Por: Juan Ilich Hernández


Al definir esta era histórico-cultural como una ciber-humana o metahumana, hallamos la íntima relación que guardan no solo aparatos electrónicos con nuestra cotidianidad, sino también con el mismo sistema nervioso central. Tales efectos como son los afectos, emociones, sexo, pasión, entre otras sensaciones muy características a lo que concierne a los homos sapiens, actualmente han sido resignificadas. Tanto es así, que, en nombre del sentimiento más violento y virulento de todos, justamente como es el amor se logró reconfigurar vía la misma cultura cibernética.


Tan inimaginable y ultrarrápida ha sido esta retransformación de lo que apalabramos, expresamos e interpretamos por lo que entendemos por el amor a nivel contemporáneo, que el fenómeno de social de la hiperrealidad o simulación como nos diría el sociólogo Jean Baudrillard (1980) ha podido ser concretizado vía virtualmente. Esto es debido a que dentro de esa misma gran telaraña conocida como web se van entramado bajo un mismo vector sentimientos como erotismo, compañerismo, “calidez humana”, etc. con el fin de darle un sentido de posibilidad y “totalización” a la búsqueda de ese faltante.


Parece ser, que lo que ha ayudado a que esa supuesta exploración hoy día sea factible es mediante la introducción de los nuevos gérmenes ciberamorosos o aplicaciones para el apareamiento inminente, justamente como son las “apps” (aplicaciones) de Tinder, Bumble, Facebook Parejas, Grindr, Instagram, etc. Es importante mencionar, que cuando hago alusión alguna de estas en particular no es porque este en contra de las mismas, sino más bien que es por medio de sus servicios que actualmente el concepto del amor se ha deconstruido por completo.


Para que este nuevo virus cibernético conocido como ciberamor pueda seguirse manteniendo firme, requerirá de unas normativas de seducción y entrampamiento totalmente flexibles, es decir, que presenten tener un bajo perfil de operacionalización las cuales se nutren de nuestro deseo humano. Recordemos que como bien nos exponen los psicoanalistas como Jacques Lacan (1959) el deseo siempre antecederá al goce ya que es gracias a este que va reforzándose dicha sensación. El mejor ejemplo que pone de manifiesto al deseo en un estado de descontrol psicoemocional en el mundo de las redes sociales son la cantidad de seguidores que lleva a cabo “los influencers fatulos” para la venta de algún producto.


Es en ese sentido, que si nos ponemos a comparar como en la antigua época grecorromana se expresaba el amor versus lo que es actualmente el ciberamor, observamos que no del todo ha variado tal concepto. Aunque parezca que la noción del amor haya tomado otro giro lingüístico y cognitivo a nivel general, el efecto privativo de lo que es nuestro “yo” es absorbido prácticamente por la que nos impone la cultura de la inmediatez bajo una mercancía. Queda claro, que al amor tornarse en una mercancía la cual registra todo tipo de relaciones íntimas, emocionales, amistosas, etc. en un posible “querer ser” el sistema capitalista de las emociones que corre por el entorno cibernético lo resignifica como una ganancia privativa de un “deber ser”.


Por tal motivo, es que al hacer referencia a Sócrates desde el Banquete de Platón con la frase “uno ama lo que no tiene y cuando llega a tenerlo, jamás querrá desprenderse de ello” apuntalamos a la seductiva forma en que las relaciones económicas (ciberamorosas) cobran un carácter totalmente emocional para consumir a tal persona. De esta sutil y estratégicamente manera es que tenemos que concienciarnos sobre cómo en nombre del amor hoy se capitalizan las relaciones sociales cibernéticamente.


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