Del germen de la hiperplasia cancerígena a la resolución esperanzadora (conclusión)
- Editorial Semana

- hace 7 días
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Por: Juan Illich Hernández
Partiendo del complejo e inconcluso caos que existe, tanto en el sistema educativo como ético- familiar en general, hemos llegado a la determinación que la condición humana actual se encuentra en descomposición. Los gérmenes que han hecho acelerar inimaginablemente tal situación como un virus son las mismas redes sociales. Tales efectos, ponen de manifiesto la filtración de particulado cancerígeno dentro y fuera de la esencia humana, por lo que este destructivo transformismo amorfo lo defino como entrar en un estado post-mortem.
Ya teniendo bajo la lupa exploradora un trazo social e histórico del constante evolucionismo que han ido introduciendo las nuevas tecnologías desde mucho antes del agitado siglo XVIII y controvertida revolución industrial a la vida cotidiana, las células humanas tristemente están atrofiadas. De hecho, este vivo resultado exalta el sobre exceso de la información y de lo que el mismo ser humano puede tolerar. Sin embargo, si de algo se ha caracterizado la era de la digitalización es la de modificar al antojo de las tendencias u ordenadores a tope (Microsoft, Apple, IBM, etc.) el aparato cognitivo el cual se compone de los siguientes: memoria, percepción, lenguaje, atención, emociones, aprendizaje, razonamiento, metacognición y toma de decisiones.
A partir de los distintos estudios prepandemia y postpandemia Covid 19 presentados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y otras colaboraciones entre universidades internacionales ilustran que se ha volcado un notorio retroceso en el desarrollo de las capacidades neuropsicológicas. Tanto es así, que el factor técnico- científico como los dispositivos electrónicos de corte inteligente (celulares, tabletas, televisores, automóviles, consolas de videojuegos, etc.) sofisticaron cuidadosamente sus servicios de información y facilitación de recursos. Y dicha venida sutil, pero demoledora trajo consigo la controvertida IA (Inteligencia Artificial). Es por ello, que cualquier cosa que genere dificultad, impaciencia e inclusive molestia hoy día, desde el entorno digital se le tilda como malware, problema y/o virus.
Por tal motivo, se vuelve en necesidad no solo hallar una posible resolución a esta eclipsada e incierta condición humana que nos situamos, sino también, la fundamental búsqueda de un esperanzador bienestar psicológico y social. De esta manera, abrimos paso a la transformación ético- social que corresponde tener todo ser humano que bien se apoya en la educación. La base de la presente propuesta descansa en el instrumento educativo el cual lleva sus ramificaciones en la filosofía de Paulo Freire (1970) “La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Cabe agregar, que el hacer viables estos lineamientos reconfigurarían por completo los politizados valores ideológicos que prosigue arrastrando las instituciones pilares de la escuela, familia, medios comunicativos, gobierno, cultura, entre otros.
Es en ese sentido, que la creación de una educación popular, es decir, accesible para toda persona, justamente como planteaba Paulo Freire (1950) ayudaría a encaminar y combatir esa metástasis celular que trae consigo la era digital. El mejor antídoto con el que se ha logrado no solo recomponer, sino también reavivar ante el seductivo y opresivo aislamiento social siempre será la educación popular o liberadora. De ahí la promovedora anunciación de la justicia social y desarrollo por el compromiso.
Así que, esa hiperplasia cancerosa podría ser revertida, si tenemos en cuenta el estado crítico del campo educativo el cual puede ser traspasado a otros ámbitos que no necesariamente deben fijarse bajo un salón de clases. El llevar a cabo este ejercicio a otros espacios es velar por una mejor sociedad y humanidad que piense por sí misma…






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