Un mundode guerra.
- Editorial Semana

- hace 3 horas
- 3 Min. de lectura

El mundo atraviesa un momento peligroso. Vivimos un escenario de guerra que muchos no esperaban y que resulta profundamente preocupante. Lo que ocurre actualmente es un recordatorio de que la estabilidad global puede cambiar en cuestión de horas o días. Durante la última semana, la situación ha escalado tras ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní, lo que provocó una respuesta con miles de drones, misiles y ataques dirigidos a bases militares y comunidades en la región. El conflicto se ha extendido por el Medio Oriente, involucrando a varios países y generando un problema de gran magnitud que amenaza no solo con desestabilizar esa zona, sino también a otras economías que mantienen vínculos comerciales con ella. Uno de los puntos más sensibles es el Estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde transita una parte significativa del petróleo que abastece al mundo. Cualquier interrupción en el tráfico marítimo de esta zona podría provocar aumentos en los precios del combustible y afectar seriamente la economía global. Para Puerto Rico esto no es un asunto distante. La isla depende en gran medida de la importación de combustibles para generar electricidad, transportar mercancías y sostener buena parte de su actividad económica. Un aumento sostenido en el precio del petróleo inevitablemente se traduce en costos más altos de energía, transporte y alimentos. En otras palabras, una guerra en el Medio Oriente puede terminar reflejándose en la factura de la luz, en el precio de la gasolina y en el costo de productos esenciales para los puertorriqueños. A esto se suma nuestra relación política con Estados Unidos. Puerto Rico forma parte de su estructura militar y política, particularmente a través de los miles de puertorriqueños que sirven en las fuerzas armadas. Además, la isla ha sido históricamente un punto estratégico para operaciones militares en el Caribe, algo que se ha sentido en varios municipios durante los últimos meses. Pero quizás el aspecto más preocupante es la normalización de la guerra como herramienta política. En lugar de fortalecer los mecanismos de diplomacia, el mundo parece moverse cada vez con mayor rapidez hacia la confrontación. Nos encontramos en un periodo de profunda tensión que obliga a reflexionar sobre cómo las naciones manejan sus diferencias. Paradójicamente, los momentos que deberían propiciar el diálogo terminan siendo reemplazados por el sonido de misiles en la oscuridad de la noche. Mirando hacia el futuro, esta realidad también obliga a Puerto Rico a pensar estratégicamente. No basta con reaccionar a los aumentos de precios o a las consecuencias de una crisis internacional. Es momento de anticipar. Se debe invertir en educación estratégica, en seguridad energética y en industrias capaces de sostener la economía incluso en tiempos de crisis global. Construir un ecosistema económico más resiliente es una necesidad urgente. Puerto Rico no puede controlar las decisiones geopolíticas de las grandes potencias, pero sí puede decidir cómo prepararse para enfrentarlas. Aunque muchos piensen que estamos lejos de un escenario de guerra, la historia demuestra que los conflictos globales siempre terminan teniendo repercusiones en lugares inesperados. El futuro exigirá visión, planificación y valentía colectiva para no quedar a merced de fuerzas externas. Porque lo que hoy presenciamos es un mundo que parece inclinarse hacia la guerra para resolver conflictos que, en pleno siglo XXI, deberían resolverse con diálogo.
La autora es senadora por San Juan,
Aguas Buenas y Guaynabo




Comentarios