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Las prioridades invertidas del gobierno de Jenniffer González.

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    Editorial Semana
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura
Por: José “Conny” Varela
Por: José “Conny” Varela

Mientras Puerto Rico lidia con crisis simultáneas que afectan la vida diaria de cientos de miles de personas, la gobernadora Jenniffer González decidió dedicar la semana a encabezar, junto a PRFAA, una cumbre en Washington para promover la estadidad. La escena, para muchos observadores, resultó desconcertante: un gobierno que no logra estabilizar los servicios esenciales en la isla movilizó a decenas de funcionarios públicos para participar en un evento político cuya viabilidad en el Congreso es, como mínimo, cuestionable.


Durante los últimos días, comunidades enteras han enfrentado interrupciones prolongadas en el servicio de agua, con la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados incapaz de ofrecer explicaciones convincentes sobre la magnitud del problema. A esto se suma un sistema energético que continúa fallando, con apagones recurrentes y una red que no muestra señales claras de mejoría. Al mismo tiempo, investigaciones por irregularidades en contratos y procesos administrativos siguen acumulándose en distintas agencias, alimentando la percepción de un gobierno corrupto y desordenado. Los escándalos sobre el carácter de la secretaria del Departamento de la Vivienda, y la corruptela en las gestiones del Fondo del Seguro del Estado en su derroche de $80 millones en fondos públicos, colmaron la prensa diaria de Puerto Rico. 


En ese contexto, la decisión de la gobernadora de priorizar un viaje político a Washington es un acto de desconexión profunda con las urgencias del país. La cumbre, diseñada para proyectar apoyo a la estadidad, se celebró en un ambiente donde líderes congresionales —tanto demócratas como republicanos— han reiterado que no existe consenso ni apetito político para considerar un cambio de estatus para Puerto Rico a corto plazo. Aun así, la administración insistió en presentar el evento como un avance significativo, pese a la ausencia de compromisos concretos.


El contraste entre la retórica triunfalista en Washington y la realidad en la isla no pasó desapercibido. Es frustrante ver a funcionarios públicos dedicando tiempo y recursos a una causa que enfrenta un rechazo evidente en el Congreso, especialmente cuando los problemas locales requieren atención inmediata y soluciones estructurales. La imagen de un gobierno celebrando conferencias mientras el país enfrenta apagones, falta de agua y escándalos administrativos alimenta la conclusión de que este gobierno tiene las prioridades invertidas.


La gobernadora ha defendido su participación argumentando que el estatus político es un asunto fundamental para el desarrollo económico y social de Puerto Rico. Sin embargo, cualquier pizca de seriedad en esa discusión se erosiona cuando el gobierno no demuestra capacidad para atender las necesidades básicas de la población.


Al final, la cumbre en Washington dejó una impresión difícil de ignorar: mientras el país enfrenta crisis que exigen liderazgo presente, la administración de Jenniffer González optó por un viaje estéril que, lejos de fortalecer su posición, subraya la insensibilidad y falta de respeto de su gestión gubernamental.


El autor es representante por Caguas

en la Cámara de Representantes

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