El Boxeo: ¿deporte o licencia para matar?
- Editorial Semana

- hace 1 día
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“El deporte es para construir seres humanos y no para destruirlos” (Luis F. Sambolín)
Espero no ser el último deportista sobre la faz de la tierra en declararse a sí mismo enemigo de la violencia y la explotación que emana del denominado deporte del boxeo en todas sus dimensiones. Desde sus orígenes en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia, conocido entonces como “pancracio”, el boxeo ha tenido como objetivo primario derrotar al adversario mediante golpes contundentes al cerebro humano. Como se sabe, el cerebro no solamente es el órgano más sensitivo y delicado del cuerpo humano, sino que representa el 100% de nuestra capacidad cognitiva, afectiva y psicomotora. Basta un moderado golpe craneal para ver reducidas nuestras capacidades sensoriales.
El reciente fallecimiento del boricua Prichard Colón, tras once (11) años de agonía e incapacidad motora provocada por los golpes recibidos en su último combate contra el estadounidense, Terrel Williams (17 de octubre de 2015 en Fairfax, Virginia), no solamente ha conmovido a los puertorriqueños, sino que ha quedado inequívocamente comprobado que, el boxeo, lejos de ser un deporte para construir seres humanos sanos y saludables, constituye, sin duda, un acto de violencia disfrazado de deporte. Ello ha provocado la destrucción de jóvenes que, ilusionados por la fama y la riqueza inmediata, exponen sus vidas ante la crueldad y humillación de tan devastador evento. Y, lo más deplorable de todo ello es la gran cantidad de fanáticos que disfrutan la agonía de los contendores ante la avalancha desenfrenada de golpes demoledores al cerebro humano. ¡Cualquier semejanza con las luchas de gladiadores en el antiguo Coliseo de Roma, es pura coincidencia!
Y la historia no miente. Tras el reciente fallecimiento del boricua, Prichard Colón, resulta francamente alarmante la cantidad de boxeadores fallecidos debido a los golpes recibidos a través de sus respectivas carreras. A partir del fallecimiento del cubano, Benny Kid Pared, derrotado en 1962 por Emile Griffith, un total de diecisiete (17) boxeadores, incluyendo dos mujeres, han fallecido debido a los daños cerebrales. Ellos son el estadounidense, Davey Moore (1963), el sudcoreano, Duk-Koo-Kim (1982), el mejicano, Francisco Bejinés (1983), el británico, Johnny Owen (2002), el panameño, Pedro Alcázar (2002), la estadounidense, Becky Zerlentes (2005), el mejicano, Marco Antonio Nazareth (2009), el mejicano, Franky Leal (2013), el ruso, Maxin Dadashev (2019), el estadounidense, Patrick Day (2019), la mejicana de apenas 18 años, Jeanette Zacarías Zapata (2021), el mejicano, Moisés Fuentes (2022), los japones, Shigetoshi Kotari y Hiromasa Urakawa (2025) y el nigeriano, Gabriel Oluwasegun (2025).
Agréguele a ellos la gran cantidad de púgiles que concluyeron sus respectivas carreras con severos impedimentos mentales, emocionales y sensoriales como fue el caso del estadounidense, Muhamad Ali, y los boricuas Wilfredo Bénitez y Wilfredo Gómez, por mencionar algunos casos notorios.
De modo que, y sin reserva alguna, me declaro públicamente detractor del boxeo en todas sus dimensiones por tratarse de un evento que promueve y legaliza la violencia, la explotación y la destrucción de la vida humana.




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