El humanismo como utopía real en este 2026
- Editorial Semana

- 1 ene
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Por: Juan Illich Hernández
Tomando como referencia el icónico texto “El humanismo como utopía real” de uno de los pensadores más visionarios y olvidados en estos tiempos (Erich Fromm) se ha vuelto hoy en una necesidad mandatoria retomarlo dado a la feroz introducción de las máquinas inteligentes, cultura digitalizada e imparable descomposición humana. Tanto es así, que cuando entramos a la composición del mismo, desvertebramos un sinfín de articulaciones totalmente interconectadas con nuestra condición humana. Y qué mejor representación del ocaso humanismo vivido, que la actual época metahumana o humanoide a las que nos andamos intentando ubicar.
Erich Fromm (1972) siempre categorizaba su teoría y práctica como una humanista, ya que armonizaba el psicoanálisis (1896) de Segismundo Freud con el enfoque de Carlos Marx & Federicos Engels (1848) denominado, materialismo histórico. Esta especie de filosofía de vida y análisis exploratorio pone de manifiesto la solemne fe que dicho pensador no solo tiene hacia el campo de lo social, sino también en el ser humano. Es por ello, que la corriente humanista otorga una plena e imprescindible creencia histórica de que es el propio ser humano capaz de autogestionarse. Aunque Jean Paul Sartre (1950) haya sido devoto de dicho ideal y otras pensadoras como Simone de Beauvoir (1954) continúa visualizándose a esta tendencia como frágil e inclusive intrascendente.
Queda claro, que todo aquello que signifique carencia de sentido, incertidumbre, miedo a la libertad, muerte, entre otros, el humanismo lo va resignificando. De esta forma logra rescatarse de ese fatal vacío y ensordecedor aislamiento social la venidera apuesta ético- filosófica de volver a creer en el ser humano. Quiérase decir, que en vez de apostar por una inminente respuesta premeditada bajo un ordenador lógico- matemático como el de un robot humanoide dotado de IA (Inteligencia Artificial), se opta por la acción social o trabajo vivo (intelectual) y organizado del humano.
Ante el nubiloso futuro que nos espera, no solo en este próximo 2026, sino también subsiguientes años, el punto de reencuentro para llegar a la autoconciencia seguirá siendo la misma autocrítica. Sin embargo, el que la teoría humanista tenga un directo impacto humanizante, consciente, proactivo y transformador no alude a que esta experiencia teórico- práctica sea realizable o utópica para la sociedad del hiperconsumo. Evidentemente, la inmediatez, las nuevas tecnologías y lo pasajero posibilita una razonable ruta de cómo privar al ser social de sus mismos compromisos ético- personales.
Detrás de esos múltiples contratiempos que ha tenido el ser humano desde tiempos remotos como es: la lucha de clases, la embriaguez del poder, la corrupción, la guerra atómica, pandemias, el genocidio, la globalización privatizadora, luchas tecnológicas, etc. se encubre la hambrienta cacería por deshumanizarnos represoramente. Cada uno de los presentes rasgos desvían del objetivo principal el nivel de conciencia social que amerita tener el ser humano con su deber en la sociedad. Así que, para poder llegar a ese trascendental plano y estado de conciencia que pareciera ser utopista o irrealizable, requiere de aceptar nuestro inconsciente psicológico mediante la autocrítica.
Ya una vez aceptemos cómo somos, quiénes somos y de lo que podríamos ser capaces, habilitamos dentro de la mente la base vital del crecimiento, que es precisamente la autoestima y la esperanza, cualidades que permiten desarrollar libremente el invalorable ser que anida en nosotros. Por tal motivo, cuanto más se sienta el ser humano como humano más desarrollará su capacidad de racionalizar y aceptar sin recelo alguno las adversidades sociales con fines de hacer posible lo imposible, que es retransformar el aquí y ahora.





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