top of page

Esto está de madre.

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura
Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

Puerto Rico vive desde hace meses una frustración ciudadana generalizada. En cualquier conversación —ya sea en la calle, en el trabajo o en las redes sociales— el denominador común parece ser el mismo: “esto está de madre”. Esa expresión coloquial se ha convertido en el resumen perfecto del sentir colectivo de una población cansada de pagar más, recibir menos y observar cómo las diferencias políticas ocupan el centro del escenario mientras los problemas reales continúan creciendo. 


El costo de vida sigue golpeando con fuerza a las familias trabajadoras. Cada visita a la gasolinera se siente como un recordatorio de que el bolsillo del ciudadano termina absorbiendo las consecuencias de malas decisiones administrativas y de la inestabilidad económica. El precio de la gasolina no solo afecta al conductor; impacta la compra de alimentos, el transporte, los pequeños comerciantes y hasta el costo de los servicios básicos. En una isla donde depender del automóvil es prácticamente inevitable, llenar un tanque se ha convertido en un lujo para muchos. 


Mientras tanto, el debate sobre el presupuesto gubernamental parece desarrollarse en un universo aparte, distante de la realidad diaria de la gente. Se anuncian cifras millonarias, ajustes fiscales y promesas de estabilidad, pero el ciudadano continúa preguntándose dónde realmente se reflejan esos recursos. Las carreteras deterioradas, la lentitud en los servicios públicos y la incertidumbre en áreas esenciales como salud, seguridad y educación provocan la percepción de que el dinero existe, pero las prioridades están desenfocadas. Y como si fuera poco, los escándalos y controversias en agencias gubernamentales continúan apareciendo con una frecuencia alarmante. Contratos cuestionables, señalamientos éticos y luchas internas alimentan aún más la desconfianza pública. 


El problema ya no es únicamente la existencia de diferencias; es la sensación de impunidad y de repetición constante. Cada nuevo escándalo parece sustituir al anterior antes de que la ciudadanía obtenga respuestas claras o consecuencias reales. En medio de este panorama, la guerra política entre figuras de alto perfil se ha convertido en otro elemento que consume titulares, entrevistas y redes sociales. Sin embargo, muchos ciudadanos observan esa batalla preguntándose algo sencillo: ¿y quién está atendiendo los verdaderos problemas de Puerto Rico? 


Las diferencias políticas son normales en cualquier democracia, pero cuando las luchas de poder desplazan las necesidades del pueblo, la política deja de ser una herramienta de servicio para convertirse en una competencia de protagonismo. Puerto Rico necesita menos confrontaciones internas y más dirección. Menos ataques personales y más capacidad de administración. Menos estrategias para dominar titulares y más compromiso para resolver los problemas que afectan a la ciudadanía. Porque mientras los líderes argumentan entre sí, la gente sigue pagando todo más caro, enfrentando aumentos, esperando servicios eficientes y sobreviviendo a la incertidumbre económica. Puerto Rico no necesita más espectáculos; necesita estabilidad, visión y credibilidad. 


Al final del día, el verdadero peligro no es solamente el aumento en los precios, los escándalos o las peleas políticas. El verdadero peligro es que la gente comience a perder la esperanza de que las cosas puedan mejorar. Y cuando una sociedad llega a ese punto, entonces sí que, como dice la calle, esto está de madre.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

Comentarios


bottom of page