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José Rafael ‘Piculín’ Ortiz“Leyenda del deporte puertorriqueño”.

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    Editorial Semana
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda
Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda

“Que cada vez que se pronuncie tu nombre, se agigante en la historia tu memoria, te has ido, pero estás volviendo, y así será eternamente” (autor desconocido)


La partida de ‘Piculín’ Ortiz, nuestro máximo embajador del baloncesto internacional de todos los tiempos, ha conmovido no solamente a todos los puertorriqueños, sino también a los universitarios de Oregón State, a españoles, griegos, caribeños y latinoamericanos que tuvieron la grata oportunidad de verlo jugar en los múltiples escenarios del baloncesto al más alto nivel competitivo. Ello le mereció, por mérito y derecho propio, su inmortalización en el Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño (2018) y en el Salón de la Fama de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) en el 2019. De ese modo, Piculín se convirtió en apenas el segundo puertorriqueño, junto al legendario Teófilo ‘Teo’ Cruz, en ser exaltado en el Recinto de los Inmortales de tan prestigiosa organización del baloncesto mundial. Ambos deportistas puertorriqueños representan los máximos valores del olimpismo internacional por su participación conjunta en nueve Juegos Olímpicos, cinco de Teófilo y cuatro de Piculín.


Uno de los grandes legados de Piculín, aparte de su grandeza como baloncelista internacional, fue el haber despertado en los puertorriqueños ese sentido de pertenencia, unidad e identidad nacional a través de sus hazañas y ejecutorias en las canchas internacionales. Nunca le dijo NO al pueblo de Puerto Rico durante sus 20 años de participación en torneos internacionales. Su última gran demostración de amor y compromiso con Puerto Rico fue aquella memorable noche en el Coliseo Roberto Clemente de Hato Rey (2003) en que condujo a la victoria a nuestro Equipo Nacional  sobre  el poderoso equipo canadiense para asegurar la participación en los Juegos Olímpicos Atenas-2004. Y, no conforme con ello, Piculín fue factor indispensable de aquella inolvidable victoria, 92 x 73, contra el “Dream Team” de Estados Unidos en Atenas-2004. Ambas victorias representan, sin duda, uno de los momentos más gratificantes del deporte puertorriqueño. 


Conviene recordar, además, que Piculín fue el primer jugador, nacido, criado y formado en Puerto Rico, en ser reclutado para el baloncesto profesional de Estados Unidos (NBA) al ser seleccionado en el turno 15 de la primera ronda por los Jazz de Utah.  Posteriormente, Piculín jugó en España y Grecia donde construyó su propio legado internacional. En Puerto Rico, Piculín participó en 25 temporadas logrando 8 campeonatos nacionales (3 con San Germán y 5 con Santurce), acumulando 8,915 puntos, 5,314 rebotes y 1,134 asistencias en 505 partidos.  


Pero, aparte de su gloriosa trayectoria deportiva, Piculín es un digno ejemplo del hijo, el atleta y el ciudadano que supo luchar, caerse y levantarse ante las adversidades del mundo convulso y polarizado en que nos ha tocado vivir. Su partida de este mundo ha sido a destiempo, pero a tiempo para su gloriosa inmortalización como uno de nuestros atletas más queridos, admirados y respetados de todos los tiempos.  


¡Vuela alto Piculín, que Puerto Rico te

recordará eternamente!

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