Interpelada, la administración del caos.
- Editorial Semana

- hace 11 horas
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La inminente interpelación al secretario de la Gobernación, Francisco J. Domenech, no es simplemente otro episodio en la larga lista de controversias que han marcado el primer año de la administración de Jenniffer González. Es, más bien, el síntoma más visible de un gobierno que llegó prometiendo orden, transparencia y “mano firme”, pero que hoy exhibe fracturas internas, desconfianza pública y una alarmante incapacidad para gobernar con cohesión.
El Senado, dominado por el propio Partido Nuevo Progresista, ha decidido someter a Domenech a un proceso que, en circunstancias normales, sería un ejercicio saludable de fiscalización. Sin embargo, el contexto lo cambia todo. La interpelación ocurre en medio de pugnas internas, acusaciones cruzadas y un creciente malestar entre legisladores que, lejos de cerrar filas con la gobernadora, parecen dispuestos a marcar distancia de una administración que consideran errática y políticamente tóxica.
Para la oposición, este episodio confirma lo que el país ha venido observando desde el primer día: el PNP está profundamente fraccionado. La gobernadora no ha logrado consolidar liderato dentro de su propio partido, y su equipo de trabajo opera como una cofradía, más preocupados por sobrevivir a la crisis del día que por articular una visión coherente de gobierno. La interpelación a Domenech es, en esencia, un voto de desconfianza interno, un mensaje claro de que ni siquiera los suyos están dispuestos a cargar con el costo político de las decisiones de La Fortaleza.
Pero el problema va más allá de la lucha intestina. La indignación pública por los escándalos de corrupción que han resurgido bajo esta administración ha erosionado la credibilidad del gobierno a una velocidad sorprendente. Cada semana parece traer un nuevo señalamiento, un contrato cuestionable, un nombramiento improvisado o una explicación que no convence a nadie. El país, cansado de ciclos repetidos de promesas incumplidas, observa con escepticismo cómo la gobernadora intenta proyectar control mientras su administración se desmorona a pasos agigantados con escándalos de corrupción, de falta de transparencia y de faltas de respeto a la dignidad y a la inteligencia del Pueblo.
La interpelación de esta semana será, sin duda, un espectáculo político. Pero también será un espejo. Un espejo que reflejará la incapacidad del gobierno para manejar sus propias crisis, la ausencia de liderato efectivo y la creciente distancia entre la gobernadora y el país que prometió encaminar. Si algo deja claro este episodio es que Puerto Rico no enfrenta solo un problema de gobernanza: enfrenta un gobierno que ha perdido el rumbo antes siquiera de comenzar a andar. Jenniffer González siempre ha estado lista para hacer campaña, pero nunca lo ha estado para gobernar.
El autor es representante por Caguas
en la Cámara de Representantes




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