Las despedidas simbólicas.
- Editorial Semana

- hace 18 horas
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Redacción EDITORIAL SEMANA
Hay situaciones en las que algunos fallecimientos impiden a dolientes despedirse de su ser querido mediante un ritual como velatorio o entierro. La psicóloga Sara Pastor (2022), amplió, en un blog relacionado con el tema, que tales circunstancias pueden darse, por ejemplo, cuando el doliente se encuentra en un país diferente al del difunto, cuando fallece un bebé intraútero o durante el parto. O, simplemente, cuando el doliente tiene la necesidad de hacer un ritual especial de despedida, ya sea en el momento del fallecimiento o más adelante.
Para Pastor, “estos rituales tienen una gran importancia en el proceso de elaboración y aceptación de una pérdida. Estos ritos dan la oportunidad al doliente de hacer más real la pérdida y, por otro, cumplen una función social, permitiendo compartir el dolor. A menudo escuchamos en terapia que las personas que no han tenido la oportunidad de estar presentes en el fallecimiento, y no han podido acudir al entierro o al funeral de la persona fallecida, sienten más complicado el proceso de aceptación”.
“Es como si la mente necesitara ver y participar de esta experiencia para marcar el inicio del duelo. En la lucha por que todo se mantenga igual, necesitamos evidencias que, aunque son dolorosas, también son necesarias y nos permiten poner en marcha procesos. De lo contrario, la mente se aferra a fantasías de continuidad”, prosiguió.
Sobre los ritos, la psicóloga y autora de este estudio planteó que estas prácticas dan la oportunidad al doliente de hacer más real la pérdid. Por otro, cumplen una función social, permitiendo compartir el dolor. Señaló que a menudo escuchamos en terapia que las personas que no han tenido la oportunidad de estar presentes en el fallecimiento, y no han podido acudir al entierro o al funeral de la persona fallecida, sienten más complicado el proceso de aceptación
Para elaborar una despedida simbólica, Pastor estableció que este acto “no tiene un guión o unas pautas prefijadas, pero sí es conveniente elegirlo y planificarlo desde el corazón. No puede ser algo forzado, debe surgir desde la autenticidad de quien lo organiza y, si es entre toda la familia, que sea consensuado”. Señaló, entre múltiples ejemplos: acudir a un lugar que sea representativo de quien ha fallecido y leer o dejar algún pequeño símbolo conmemorativo, plantar un árbol, una suelta de globos, realizar un pequeño viaje, o marcarse un reto, entre otras prácticas.
La autora también estableció que hay momentos del proceso de duelo que requieren marcarse con un hito. “A veces necesitamos símbolos para delimitar los momentos de cambio, logro o superación; o bien esperar a estar preparados para poder despedirnos de verdad de quien ha fallecido”, insistió.
“La despedida no es un acto que implique olvido, ni que deba ser impuesto ni por uno mismo o por los demás. Implica un acto de profunda aceptación de lo que ha ocurrido. Constituye un símbolo que recoge el hecho de ser consciente de la muerte del ser querido y que no sólo es aceptado a nivel racional, sino también a nivel emocional”, recalcó.
Referencia: Pastor, S. (2022) Herramientas para afrontar el duelo: Las despedidas simbólicas, Fundación Mario Losantos DelCampo, www.fundacionmlc.org.

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