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Navidad en tiempos de desencuentro político

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 25 dic 2025
  • 2 Min. de lectura
Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

La Navidad llega cada año como una invitación colectiva a la celebración, al encuentro familiar y a la reflexión sobre nuevas metas para el año que se avecina. Es un tiempo que, más allá de creencias religiosas, evoca valores universales como el diálogo, la empatía, la solidaridad y el sentido de comunidad. Sin embargo, este año Puerto Rico recibe la temporada navideña en medio de un clima político marcado por tensiones públicas entre el Ejecutivo y la Legislatura, un escenario que contrasta con el espíritu de la época. Los recientes desacuerdos, ya sea por vetos, señalamientos cruzados o diferencias en prioridades legislativas, han trascendido el debate saludable para convertirse, en ocasiones, en intercambios que proyectan desconfianza y desgaste institucional. Mientras tanto, la ciudadanía observa con preocupación cómo es que los asuntos urgentes como el costo de vida, la seguridad, la estabilidad energética y los servicios de salud quedan relegados ante disputas de poder. La Navidad crea un ambiente genuino de celebración que se manifiesta en espacios decorados con luces y en una aparente armonía, proyectando la ilusión de una convivencia plena y fraterna. Sin embargo, ese ambiente se ve afectado por las diferencias políticas, evidenciando la falta de consenso ideológico y de acuerdos legislativos. El pueblo espera de sus líderes firmeza en sus convicciones y, sobre todo, madurez, apertura y capacidad de consenso para ejecutar los planes de trabajo por los que fueron electos. Gobernar implica negociar, ceder y priorizar el bienestar colectivo por encima del cálculo partidista, el protagonismo o el antagonismo. Puerto Rico enfrenta retos estructurales profundos que no admiten pausas ni excusas estacionales. Precisamente por eso, este momento del calendario debería servir como recordatorio de que las instituciones no están para confrontarse entre sí, sino para complementarse. La separación de poderes no equivale a una guerra política, sino a un balance que exige responsabilidad compartida. Que esta Navidad sirva como un alto en el camino. No para silenciar diferencias legítimas, sino para reenfocar el diálogo en lo esencial. El país necesita menos confrontación y más acuerdos; menos titulares y más resultados. La reconciliación que Puerto Rico necesita no es simbólica ni retórica. Se construye con respeto, trabajo conjunto y decisiones que coloquen al pueblo en el centro. El respeto debe reflejarse en la forma en que se toman decisiones que afectan la vida diaria de la gente, no en acciones que generan urgencia para unos y desinterés para otros. Temas como el de las escoltas han resurgido en la discusión pública, vinculándose a figuras como Wanda Vázquez, pero se desvirtúa el debate cuando se personaliza en alguien que ya no tiene responsabilidad moral ni cívica sobre decisiones sustentadas en derechos adquiridos. Al final, el mejor regalo que puede ofrecerse en esta Navidad no viene envuelto en papel festivo. Consiste en demostrar que, aun en la diferencia, es posible disentir con altura, responsabilidad y sentido de país. Aunque no exista unanimidad, el diálogo directo y el respeto a la voluntad del pueblo siguen siendo el camino para poder avanzar.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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