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Puerto Rico despide un año

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 1 ene
  • 2 Min. de lectura

Por: Nitza Morán Trinidad


Al culminar el año 2025, Puerto Rico vuelve a mirarse en un espejo conocido, el de la resiliencia. Hemos resistido los altos costos de vida, la incertidumbre energética y la inseguridad cotidiana, pero también la persistente desconfianza de si, en algún momento, las cosas realmente podrán ser mejores. Este cierre de año invita inevitablemente a la reflexión sobre lo vivido y a la evaluación de las metas trazadas, muchas de las cuales quedaron pendientes del año anterior. En ese ejercicio de balance, resulta fundamental evitar el triunfalismo, el protagonismo innecesario y los señalamientos estériles que no producen resultados. Tampoco ayudan las narrativas de triunfo que no aportan al bien común y que terminan desmoralizando los esfuerzos genuinos. Lo que se requiere es una reflexión madura: reconocer lo logrado, pero también asumir con responsabilidad todo lo que aún falta por hacer. Aunque se han registrado aciertos a nivel gubernamental, las exigencias de los ciudadanos son cada vez mayores. Las gestiones relacionadas con los fondos federales continúan, y aunque la reconstrucción avanza de manera lenta, su impacto será más visible a largo plazo. Algunos sectores económicos han mostrado señales de activación con cifras alentadoras en medio de la crisis financiera, pero lo que permanece rezagado debe integrarse con urgencia a una agenda de ejecución clara y palpable. La realidad es que, aunque poco puede parecer mucho, los esfuerzos por estabilizar a Puerto Rico continúan. Sin embargo, cuando las crisis se acumulan durante años, las soluciones no son inmediatas. Las esperanzas se renuevan de cara al 2026, junto con la expectativa de una mejor coordinación entre el Poder Ejecutivo y la Rama Legislativa. Las diferencias políticas no deben dictar la agenda. Los antagonismos personalistas quién llega primero o quién se atribuye un logro no producen resultados. La única vía efectiva es la voluntad de alcanzar acuerdos que impulsen el desarrollo económico sostenible, fortalezcan los servicios esenciales y garanticen que los recursos públicos estén disponibles para todos, no para unos pocos. La estabilidad social no se construye desde una sola institución. Es un esfuerzo colectivo que exige madurez política, respeto institucional y la capacidad de sostener diálogos genuinos orientados al bien común. Puerto Rico ha demostrado, una y otra vez, que en la unión está la fuerza. Ya no hay espacio para la improvisación; es momento de prevenir las crisis, no de administrarlas eternamente. Que el próximo año llegue con mayor responsabilidad colectiva. Que quienes tienen la responsabilidad de gobernar recuerden que el tiempo perdido lo paga el pueblo, pero que esa responsabilidad también sea ciudadana. La familia debe seguir siendo el motor que impulse a una sociedad más solidaria, recordando que los principios no caducan y que son la base para formar hombres y mujeres de bien. Que la valentía, la esperanza y el bienestar social ocupen un lugar prioritario en todas las agendas. Que el 2026 nos encuentre unidos, porque ahí reside la verdadera fuerza para enfrentar cualquier reto.


¡Feliz 2026!


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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