Del actual germen de la hiperplasia cancerígena a la resolución esperanzadora (Parte II)
- Editorial Semana

- 15 ene
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Por: Juan Illich Hernández
Teniendo en cuenta ya cómo operan ciertos mecanismos de control ideológico, justamente el escolar y familiar, exploramos que no solo desde el nefasto e inclusive conspirativo acontecimiento del Covid1-19 hubo una serie de transformaciones socioculturales, sino también irreparables consecuencias para estos organismos. Evidentemente, el germen de la hiperplasia durante esos momentos de inactiva acción social (2020-2021), aparte de acrecentarse en el cuerpo humano logró a su vez invadir la mente, cosa que desató una especie de metastización gracias a la inmediatez tecnológica.
Mediante el giro 360 que ofrecieron los aparatos técnicos- científicos desde el forzado encierro y crudo distanciamiento social, la institución ideológica educativa sufrió desde nuestra apreciación psicosocial su colapso. En efecto, los canales de información fuera del texto hoy se han volcado por doquier (redes sociales, podcasts, producción de contenido independiente, YouTube, aplicaciones de toda índole, etc.) haciendo que la obtención de contenido sea una accesible, inminente y, sobre todo, desmesurada. Al traducir el mar de estímulos, noticias, entre otras eventualidades que trajo consigo la sociedad de la informática, encontramos que, científica y humanamente el cerebro no está capacitado para ese impacto excesivo y demandante de información. Es por ello, que ese todo definido como sobreinformación se torna en una nada. Es decir, en pura desinformación, hecho que consecuentemente se convierte en fatiga y distrofia neuropsicológica.
Así que, la manera más eficaz de cómo contemplar cuidadosamente el flexible movimiento informativo es a través de las mismas redes sociales, puesto que contaminan a diestra y siniestra la opinión pública como un cáncer. De ahí la atrofia cultural de no saber cómo interpretar lo que leemos y a su vez diferenciar que es posiblemente algo falso versus verdadero. Y precisamente este último resulta ser uno de los inconclusos problemas que carga como escombros el sistema educativo a nivel global. Tanto las escuelas como familias, en términos generales, no han podido resolver e inclusive encarar la enigmática situación de la actualización del lenguaje.
Por tal razón, el crecimiento anormal de la hiperplasia celular, aunque se represente como algo normal, futuramente si no se le da seguimiento y autocuidado puede dar pie a un carcinoma o cáncer. Es en ese sentido, que si no fomentamos y apostamos a la educación desde el mismo seno familiar inculcando lo que son los esenciales valores ético- morales de la vida, jamás saldremos del meollo social e histórico que cultivamos en plena era industrial (XVIII). Quiérase decir, que es necesaria la construcción de una ambientación social-comunitaria relacional, proactiva, comunicativa, cohesionada, empática y organizada para promover una empoderadora herramienta de cambio social. De este modo va abriéndose la iluminadora ruta de la transformación, tanto interna como externa vía la educación.
El desmesurado aumento de células, mejor conocido como hiperplasia neuronal, actualmente el sistema educativo lo ha ido disfrazando bajo clasificaciones de competencias versus conocimientos objetivables. Tales hechos, claramente son hoy un gran fraude institucional porque perpetúan las críticas condiciones de lo que es un autónomo aprendizaje. La mejor carta de representación de estos fallidos ejemplos en el caso de Puerto Rico son las involutivas pruebas METAS P.R., (Medición y Evaluación para la Transformación Académica de Puerto Rico) CRECE (Cernimiento, Revisión y Evaluación Continua del Estudiante) o mejor conocido como Learn Aid P.R., entre otras.
Ante el aplastante desmoronamiento global del aparato educativo y familiar ideológicamente hablando, la vital revolución de esperanza no es la esperanza misma, sino más bien, la búsqueda del sentido autónomo gracias al instrumento de la liberadora educación. (Continuará)






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